Llevamos la música en el cerebro

Una nueva investigación sugiere que las personas sin formación musical tienen áreas del cerebro que pueden identificar y responder a la música, incluso si no están familiarizadas con el género que están escuchando.

Científicos que forman parte de la American Physiological Society han concluido en un nuevo estudio que las personas que no poseen entrenamiento musical disponen igualmente de regiones cerebrales dedicadas a la identificación y recepción emocional de la música, sin importar incluso el conocimiento de un género en particular.

Se ha demostrado que la exposición a sonidos específicos puede causar cambios a largo plazo en la corteza auditiva, el área del cerebro que procesa el sonido. Pero existe un área de «selectividad musical», compuesta por poblaciones neuronales que responden más a la música que a otros tipos de sonidos.

Según una nota de prensa, el nuevo estudio descubrió que las regiones selectivas de la música en la corteza cerebral respondían fuertemente a los sonidos musicales familiares y desconocidos, en comparación con los sonidos no musicales o diferentes ruidos, tanto en los participantes músicos como en las personas sin formación musical.

Esto indicaría que existe una habilidad específicamente humana para la música ligada indisolublemente a nuestra especie, ya que las neuronas de «selectividad musical» surgen y actúan de manera independiente al entrenamiento en música. Ahora, los científicos buscarán determinar si esta habilidad refleja el conocimiento implícito obtenido a través de la exposición típica a la música o si está presente desde el nacimiento.

El funcionamiento de la selectividad musical

De acuerdo a los especialistas, los resultados muestran que la exposición pasiva a la música es suficiente para el desarrollo de la selectividad musical en el cerebro. Al mismo tiempo, las respuestas emocionales y cognitivas se extienden a ritmos con escasa preponderancia de la melodía y a géneros o estilos musicales relativamente desconocidos, por ejemplo por estar alejados de la experiencia cultural cotidiana de las personas.

Vale aclarar que los científicos resaltan que las características de la música parecerían no ser tan trascendentes para que las áreas del cerebro dedicadas a la selectividad musical se pongan en acción. Por eso destacan que no es necesaria la presencia de melodías fáciles de recordar o que provocan un impacto emocional inmediato. También explican que el cerebro reacciona incluso ante sonidos de instrumentos claramente alejados de la cultura en la que vive el receptor.

¿Innato o aprendido?

En el marco de la investigación, los científicos utilizaron imágenes de resonancia magnética funcional para observar las poblaciones neuronales que componen el área de selectividad musical, en voluntarios adultos jóvenes. La mitad de los participantes tenían menos de dos años de formación musical, en tanto que el 50% restante de los voluntarios contaba con un promedio de 16 años de entrenamiento musical.

Los participantes escucharon piezas de dos segundos de duración, incluyendo 192 sonidos naturales de múltiples géneros musicales y de una variada diversidad de instrumentos. Algunos de ellos pertenecían a instrumentos rítmicos o que no mostraban un desarrollo melódico. Al mismo tiempo, muchos de estos sonidos correspondían a estilos que las personas formadas en la cultura occidental no están acostumbradas a escuchar.

Una de las cuestiones que plantea este estudio como interrogante a resolver es si la selectividad musical presente en el área cortical del cerebro responde a un aprendizaje implícito obtenido a través de la exposición permanente a la música o si, por el contrario, se encuentra presente de forma innata en el ser humano. ¿Disponemos de una especie de conocimiento musical de base genética que se transmite de generación en generación o lo desarrollamos a partir de los estímulos recibidos a nivel cultural?

 

Fuente: Tendencias 21

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