Valores organizacionales: de lo abstracto a lo concreto

Por: Lorena Castro Jaén

Con frecuencia, al visitar la página web de una organización observamos los valores que comunican al mundo como aquellos principios que rigen su actividad y que sirven como guía para la definición de las políticas que le darán forma a todo el quehacer de la organización. Importante sin duda, considerar estos valores como eje fundamental, sin embargo, muchas veces ellos terminan figurando como un contenido más carente de significado.

Adicional a lo anterior, y es tal vez el mayor riesgo de enunciar valores que no se corresponden con la realidad, es que adquieren vida, pero en sentido contrario. Esto es, que aquel que los lee o los escucha como parte de un discurso formal, los toma solo como parámetro de comparación sintiendo cuán lejos se está de su aplicación ya que lo que se vive en el día a día es contrario a lo enunciado. De allí la necesidad de establecer coherencia entre las palabras y los hechos para que adquieran su valor.

El desafío mayor para dar sentido a los valores que elige una organización como parte de su identidad es “aterrizarlos” en práctica concretas y para ello será indispensable que los responsables en definir y aplicar las políticas que le den forma, lo crean para sí, lo valoren en forma personal y alineen su proceder hacia estos. De lo contrario, corren el riesgo de ser señalados y juzgados por la inconsistencia de sus actos.

La importancia de la selección de los valores

Como rasgos de identidad personal, los valores deben ser entendidos como únicos. Así estemos hablando de valores cuyo enunciado es universal, su definición no lo es. A fin de ilustrar lo señalado, un ejemplo sería el significado de la calidad como valor para una empresa farmacéutica y para una empresa del sector telecomunicaciones. Aunque el valor sugiere el cuidado de la elaboración del producto y la prestación del servicio, sin duda en el caso de una empresa farmacéutica el peso y la implicación de la calidad no tendrá el mismo impacto que la otra debido a las consecuencias de no cumplir con estrictas medidas de calidad.

Lo indicado nos lleva a identificar como necesario la definición que para cada organización tengan los valores elegidos y, a partir de allí, alinear las políticas de manufactura; comercialización; gestión de recursos humanos entre otras. En tal sentido, los valores resultarán en un andamiaje sólido, coherente y sobre todo creíble, no solo para aquellos clientes a los que ofrecemos servicios y/o productos, sino para esos clientes internos que resultan ser el motor y vida de la organización.

¡Hasta un próximo encuentro!

____________

Lorena Castro Jaén, facilitadora y consultora en el área de recursos humanos y gerencia.

Twitter e Instagram: @gerenciaenpositivo

Compartir