Una limosnita en giftcards, por el amor de Dios

Por: Juan Eduardo Fernández

A pocos días para mi cumpleaños (que es el 28 de junio, para aquellos que tienen la mala costumbre de no revisar los cumples en Facebook) y quería, más bien necesitaba, el libro “Hablar es Gratis” monólogos para tiempos de crisis, escrito por Andreu Buenafuente.

Ustedes dirán “¿cuál es la fijación con  el Buenafuente ese?, ¿está obsesionado con el tipo?”. No es así, solo lo admiro como el gran cómico que es. Bueno, tal vez me parezca un poco a Snipe en aquella película con De Niro que creo que se llama “El Fanático”. Pero yo, a diferencia del protagonista, soy inofensivo (al menos eso creo).

Bueno, como les iba diciendo, consideraba necesario leer ese libro porque sabía que allí encontraría la manera de vivir con una sonrisa de oreja a oreja en la bella, pero maltratada Venezuela.

Esta obsesión de tratar de buscarle explicación a lo que ocurre en mi país a través del humor no era nueva, de hecho en esa joya de la historia de Venezuela escrita por el gran Laureano Márquez titulada “Se sufre pero se goza” se ofrecen algunas luces, pero la verdad para los tiempos que corrían entonces, no era suficiente.

Particularmente pensaba que en “Hablar es Gratis” (que no es nada gratis) ya se dan soluciones y tips más aplicables al mundo de hoy y tal vez me ayudaría a “capear un poco el temporal”.

Algunos se preguntarán (los que no son venezolanos): “¿Pero si quiere el libro por qué no lo compra?” Por dos razones, la primera es que en ese entonces vivía en Venezuela, donde hay control de cambio (que ha estado bastante controlado). La segunda es que el cupo de dólares que me asignaron para comprar por internet estaba suspendido, como el de todos (el de todos los que necesitamos un permiso para comprar por internet).

Así que como eso de las campañas crowdfunding estaba tan de moda, se me ocurrió lanzar oficialmente la campaña “Un libro para Juancito” (Give a book to little John, para mis amigos que hablan inglés).

La campaña estaba dirigida a todos, absolutamente todos mis amigos que viven fuera de Venezuela (y los que viven dentro solo si tienen dólares). Eso incluía a mis editores en Nueva York, Mariza y Juan Luis, a Xen Subirats y al propio Buenafuente.

Pero como soy un tipo original propuse que no tenían que darme los dólares en efectivo (porque por alguna razón no me iban a llegar), así que se me ocurrió que podían hacerlo por Paypal o giftcards de Amazon. Si se recaudaba más del monto, el dinero sería donado a una familia necesitada (los Fernández Benzaquen).

Lancé mi campaña diciendo (poner tono del narrador de los Juegos del Hambre) Que comience la donación.

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