¡Transformación inconsciente!

Por: Eduardo Frontado

Luego de más de ciento sesenta días de confinamiento bajé con mi mamá al jardín del edificio donde vivo. Claramente todo este tiempo en casa fue debido al momento histórico que nos arropa, por razones de salud y a lo mejor para evitar el canto diario sobre la necesidad de tomar el sol para subir las defensas.

Después fuimos hasta el parque infantil ubicado a una cuadra de mi casa, allí conocí una niña de unos 4 o 5 años, quien de manera decidida me abordó diciéndome, “Oye, pero que consentido y flojo”, ¡cuando me canse yo también me voy a sentar en tu silla!

Sin más que decir, la pequeña se puso a conversar conmigo, preguntándome sobre mi nombre y otras banalidades que hacemos los seres humanos cuando intentamos entablar una amistad. De nuestra plática lo más llamativo fue que en ningún momento me preguntó la razón por la cual estaba en silla de ruedas, tampoco si era permanente o que me pasaba, tan solo pensó que se debía a un cansancio pasajero el cual no levantó mayor curiosidad en ella.

Me pregunto, ¿en qué momento los seres humanos nos transformamos en jueces?
Cuando se tiene la inocencia de un niño no existen prejuicios ni miedos al contrario, existe un gran deseo de descubrir cosas, y es a causa de ese mismo deseo lo que los hace capaces de ver más allá de una apariencia física, sin reparos ni etiquetas.

Al transformarnos en adultos se ponen en evidencia sentimientos ocultos, los cuales nos llevan, de manera automática e inconsciente a juzgar a los demás, perdemos esa naturalidad de acercamiento y de encuentro con el otro, aparecen condiciones y requerimientos que no solo nos hacen selectivos, sino además excluyentes.

Es así como no nos permitimos disfrutar de una de las mayores ventajas que ofrece la raza humana: la diversidad. Nos perdemos de la magia de lo distinto, que nos complementa y nos hace cada vez más humano y creativos, que nos lleva a poder generar un mundo mejor lleno de oportunidades para todos.

Es importante saber que existen diferencias visibles e invisibles, pero como sociedad tendemos a utilizar como elemento de juicio y discriminación solo las diferencias físicas por el hecho de relacionarse con su apariencia, y normalmente asociarlas a minusvalía o discapacidad.

El hecho de vivir en la diferencia ha sido clave para mí, porque en lugar de que los prejuicios y miedos sean una limitante, los he convertido en la dosis exacta de motivación que necesito para romper moldes, pero nunca desde la rabia, ni el rencor y mucho menos en modo víctima, sino muy por el contrario valorando siempre desde un escenario positivo cada experiencia.

Vivir en la diferencia te brinda la oportunidad de cambiar el lente con que identifica cada reto impuesto para transformarlo en un motivo de agradecimiento. Muchas veces en el ámbito profesional me han preguntado que, si mi condición física es motivo de vergüenza para mí a lo cual siempre responderé que, en lo absoluto, mis cualidades distintas representan sin duda alguna un valor agregado.

Mi gran secreto para la integración a una vida regular, sin los prejuicios sociales ni las miradas excluyentes, fue el entrenamiento y el apoyo familiar, particularmente de mi madre. Nunca sentí la diferencia en mi hogar, siempre me hicieron sentir como uno más del grupo, el cual debía de luchar, como los demás, para ser una persona útil y totalmente integrada a la trama social.

Soy un apasionado de que el ser humano es del tamaño de sus sueños. Por ello para mí vivir en la diferencia ha sido la herramienta para la búsqueda del logro de una sociedad inclusiva, diversa y justa, donde lo humano es lo que nos identifica y lo distinto es lo que nos une, sin olvidar que la clave de todo ello se basa en el encuentro con el otro de manera sincera y fraterna.

Ciertamente, ¡la diferencia visible, en mi caso, la silla de ruedas, hace que las cosas cuesten un poco más! Conseguir nuestro Everest personal es un reto que se torna el aliciente para no rendirnos, y al final hace que transforme las adversidades en oportunidades de acercarnos al logro de nuestros sueños. En fin, es la búsqueda de esa ventana cuando se nos cierran todas las puertas.

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