Susana y Patricia, una breve historia sobre la rabia

Por: Hernán Hernández

Susana y Patricia son vecinas desde la infancia, incluso hicieron sus estudios juntas desde el preescolar y ambas son madrinas de sus hijos, hasta que llegada la adultez cada una desarrolló creencias  de las cuales están convencidas inflexiblemente. Así, forman parte de organizaciones de alcance nacional en las cuales se promueven los principios y metas de estos grupos sociales opuestos entre sí. Lo curioso de este fenómeno es que ambas organizaciones proclaman los mismos nobles objetivos de bienestar para sus seguidores, con diferencias que pueden ser sutiles cuando de bienestar de otros se refiere. Estas creencias por la cuales están  dispuestas a dar la vida (literalmente) de ser necesario, han marcado una distancia notable en una amistad o hermandad que alguna vez se creía eterna.

La pasión con la cual defienden sus convicciones y las de las organizaciones a las cuales pertenecen les hizo desarrollar una gran agresividad como mecanismo de defensa que expresan sin dar valor a lugar, hora, persona, alcance y posibles consecuencias.

Un asunto de Valores

Todas las personas y organizaciones están compuestas entre otros elementos por valores, entendidos como aquello que se considera importante y por lo cual se protege, se le dedica tiempo, se conserva…, y lo más importante, un valor es valor solo si se traduce en una conducta observable.

Dentro de la organización en la que participa Susana sus líderes han dicho expresamente: “Si por la defensa de nuestros ideales es necesario abandonar a la familia y a los amigos, habrá que hacerlo, ya que si no nos apoya es nuestro enemigo”. Por su parte en la organización en la cual participa Patricia, sus líderes han dicho expresamente: “Todos somos hermanos sin importar que pensemos diferente, todos somos valiosos y todos merecemos lo mejor”. Queda claro que son ideales opuestos.

Cuando Susana y Patricia logran conversar acerca de cómo se materializa (al menos en papel) eso de lo mejor para todos, ambas coinciden. Pero cuando emergen los ideales filosóficos comienza la guerra que hace que se agredan verbalmente como acto de defensa de tales ideales.

Hoy  Susana y Patricia siguen siendo vecinas, pero solo intercambian el saludo. Queda claro que la amistad y la hermandad dejó de ser importante y sobre estos valores hoy prevalece la defensa de los valores de sus organizaciones aunque una promueve el separatismo y otra la unión en sus discursos.

Cuando se unen valores y rabia

Aparte de los valores, otros de los elementos que nos componen como seres humanos son las emociones básicas: amor, miedo, alegría, tristeza y rabia. Todas ellas están bajo nuestro control, dentro de un cuadro de salud mental y emocional, sin entrar en definiciones teóricas de estos conceptos.

Hoy los miembros de estas organizaciones se distinguen por las acciones que traducen los  valores que fueron descritos. El saldo de vidas perdidas en la organización que promueve la unión es lamentable mientras se aviva la rabia en los miembros de ambas organizaciones.

Es obvio que la expresión de las emociones, específicamente de la rabia, sin control ni previsión de sus consecuencias en quien la expresa y sobre otros es el centro de atención de esta historia.

Pensar lo que siento o sentir lo que pienso

Lo que nos diferencias de los animales es la capacidad de pensar, sin embargo podemos ver en documentales de vida animal como estos piensan la mejor estrategia al menos para cazar o huir (supervivencia primitiva), algo que hoy parece que hacen Susana y Patricia.

Todos tenemos libre derecho al pensamiento libre incluso a la expresión de ellos, pero hablando de derechos universales, el derecho de una persona termina donde comienza el de otra.

Recuerde que la ira o la rabia es una emoción humana básica, y como tal le pertenece a usted y, solo usted la genera y la expresa cuándo y cómo quiere. Recuerde que además ésta como todas las emociones, genera sustancias químicas y las de la rabia envenenan y dañan su cuerpo con poco. Lo más importante, es que reconozca que lo que le genera rabia es ese pensamiento que le dice que el otro o los otros deben pensar/sentir/actuar como usted y como no es así, usted siente rabia, pero es con su incapacidad de aceptar que el otro es diferente, su miedo a perder y sentirse atacado. Le gusta a usted que otros esperen/quieran/le obliguen a ser quien no es?   – Estoy seguro que su respuesta es un rotundo no. Entonces aplica igual para otros.

Sin apartarnos de nuestros ideales, hagamos una revisión de los valores, aspiraciones sociales/personales tangibles que tenemos y con toda certeza encontraremos que son más las que nos unen que las que nos separan.

Sería suficiente con traducir en conductas el respeto y la tolerancia en al menos no hacerle daño al otro entendiendo que la diferencia no hace iguales, logrado esto la convivencia seria un paraíso.

Mientras tanto, algunas sugerencias para el abordaje de la rabia

    • Recuerde que lo que le genera rabia esta bajo su control y es su deseo de que el mundo sea obligadamente como usted cree correcto
    • Asuma que todos somos diferentes.
    • Observe que son más las cosas que nos unen que las que nos separan, elija donde pone el foco
    • Cuando empiece a sentir rabia, retírese del lugar
    • Hable de lo que le molesta con quien usted sabe que lo calmará
    • Haga con regularidad: ejercicios, actividades recreativas, oír música, escribir.
    • Practique la reflexión, tal vez la diferencia lo nutre.
    • Agradezca, la posibilidad de ser diferente, es bueno para usted y para el opuesto.

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Hernán Hernández es doctor en Educación, jefe de la cátedra de Psicología, coach neurolinguistico, conferencista internacional, motivador, radio & TV host.

Instagram / Twitter: @hernanjhernandez

 

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