Si no es ahora, ¿entonces cuándo?

Por: Ana Elena Santanach

Últimamente he estado meditando mucho sobre el tema del tiempo (entiéndase edad). En lo fugaz que es. Como escribiera el poeta romano, Virgilio, tempus fugit, el tiempo pasa irreparablemente. Vuela. Esta expresión nos debe invitar a reflexionar. Puede ser subjetivo, ya que pareciera que en la adolescencia pasa muy lento. Pienso en todo lo que he hecho y lo estoy haciendo con mis días. En cómo comportarme ante una vida, mi vida, que será determinada por el tiempo.

Mucha gente está “exprimiendo” su tiempo. Sacándole el jugo a la vida y aprovechando aún las dificultades y dolor para descubrir el significado real y útil de su existencia. Aprendiendo a reír, a soñar, a mirar el tiempo futuro con ilusión (la cantidad que sea); a quedarse con las cosas buenas, con las horas compartidas, con los amigos que los resistieron y que no los dejaron de lado; con los consejos que se aplicaron y con el placer de las tentaciones vencidas. Algunos, sencillamente están envejeciendo o desperdiciando el tiempo (Facebook, Instagram, Twitter…). Y otros, la mayoría, haciendo piruetas entre las prisas de la mañana, los horarios, los despertadores, el metro, los tranques. No pueden hacer otra cosa. Pero lo cierto es que “Todo tiene su tiempo y todo tiene su hora bajo el sol”. Aunque el sol se aburra.

Me hago eco de las declaraciones de Job (Biblia), en algunos versos del capítulo nueve: “Mis días han sido más ligeros que un correo, …pasaron cual naves veloces”. Esta frase me ha puesto en perspectiva: pararme un momento fuera de la burbuja de los afanes diarios y contemplar los delicados y valiosos fragmentos de mi vida pasada y considerar que todavía puedo hacer algo con mi vida presente. Puedo hacer mucho (insisto en eso). Soy consciente que en estos tiempos peligrosos no resulta sencillo: desastres naturales, vida terrestre en peligro de extinción, dictaduras en el continente, conflicto palestino israelí, desplome de la economía mundial. ¡Qué sé yo!; Pero puedo iniciar (o continuar) con hacer algo sencillo, en mí:

-Ser simplemente yo. No intentar ser alguien que no soy. Tengo mi identidad. Le ha costado mucho a Dios los procesos para darme esta “forma”, por qué habría de despreciarla. Así como soy va de acuerdo con mi misión en esta tierra. Y aunque hay modelos que me inspiran, tengo mi singularidad. Si me toman en cuenta lo agradezco y valoro.

-Escoger lo que hablo y cómo lo hablo. Si tengo poder en mi boca, entonces, elegiré cuidadosamente mis palabras. Cualquier cosa se puede reparar fácil, y si no, se compra nuevo, pero un corazón lastimado con el misil de las palabras, cómo se repara. Prefiero sembrar flores que maleza; trigo en vez de cizaña; pasto en vez de ortigas. Como alguien dijo: que tus palabras sean dulces, no sea que tengas que comértelas. Tendré en cuenta que, muchas veces es mejor callar.

-Tengo roles únicos en mi vida. Los aprovecharé para ajustar mis relaciones. Lo reconozco, algunas están muy desajustadas. Para eso requiere que sea sensible. Que me importe la gente. Que me importe las personas que digo amar. No es solo “estar” con ellos, si no, ser consciente de ellos. Soy responsable de lograr una relación saludable. No soy la madre de mi esposo, soy su esposa. No soy la amiga de mi hija, soy su madre.

-Cada día poner mi relación con Dios en la perspectiva de Él y no en la mía. Bajo los términos de Él y no en los míos y mucho menos en los términos de los demás. Cuanto más cerca estoy de él más reconozco mis limitaciones y vulnerabilidad. Mi realidad es transitoria. Sólo Dios es eterno. Eso derriba mi arrogancia y egoísmo y da paso a una persona humilde, cuidadosa. Me vuelve, aunque sea momentáneamente, más calmada, flexible y comprensiva.

El reloj está avanzando. Y cuando pare, lo que siga será la eternidad. Asegurémonos de estar en ella. Habrá tiempo de sobra. Muy claro lo tenía el apóstol Pablo, el del Nuevo Testamento, al inspirarse: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe…me espera la corona de justicia (eternidad)”.

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Ana Elena Santanach es conferencista.

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