Romper con el sufrimiento o “Pare de sufrir”

Por: Susana M. de Vaamonde

Puede leerse esa frase y pensar que es un error, o recordar la consigna “pare de sufrir” tantas veces escuchada en programas televisados. Tanto se ha dicho y disertado acerca de que el dolor es un hecho real, presente, tangible e inevitable mientras el sufrimiento es opcional y que en esta vida se elige ser o no ser feliz.

Entonces saber sufrir es como buscar la cuadratura del círculo en la idea de que el sufrimiento puede ser sanador o que podemos sublimarlo y vivirlo con una buena actitud y hallar la liberación en él.

Viene mi reflexión de una reciente historia de vida, de gran impacto y conocida mediante terceros, que me hizo volver los ojos a historias de resiliencia, de resistencia estoica y callada, humilde y gallarda, ésas que no se cuentan sino que se viven como han de vivirse las grandes historias y como lo hacen las grandes almas en el silencio, la humildad y la aceptación.

Es el caso que la vida nos hace trucos inesperados y no todos tienen un final feliz. Hacemos planes, vivimos con los azares propios del mundo actual y basta un pequeño desliz o variación en la dirección del viento y nos cambia la vida por completo.

¿Estamos preparados? No siempre y esto va más allá de las ideas de tomar la vida como venga o de vivir el aquí y ahora. Esto último es pertinente porque vivir en sana alerta mejora nuestro nivel de consciencia, nuestro autoconcepto, nos ubica y da sentido de pertenencia dentro de nuestro hábitat emocional.

Pero así como nos preparamos para ir de viaje o para participar en un maratón, así mismo conviene prepararnos para los sufrimientos que la vida nos trae hoy porque sin duda no los buscamos ni invocamos, solo se presentan y ya.

¿Qué elementos pueden ser de ayuda? Sin duda los valores en los que hemos sido educados y la forma de vivirlos son un pilar fundamental, así como alcanzar la consciencia de que somos cuerpo, mente y espíritu en un solo empaque que nos ha sido dado para su uso, cuido y disfrute y hemos de dar cuenta de él.

Entender que el sufrimiento nos debilita y merma nuestras fuerzas para poder eliminarlo o al menos aliviarlo, es el siguiente paso. Cuando encontramos la afinidad con creencias no solo acerca de nuestro origen como especies del universo sino acerca de nuestro actuar y posterior trascendencia hacia una vida más allá de esta terrena que conocemos, adquirimos una forma de hacerlo más llevadero hasta lograr sublimarlo.

Aquí tal vez entramos en un terreno más espiritual que tiene que ver con aquellas virtudes que conocemos en vidas ejemplares, tales como la templanza. Un espíritu templado al calor de los valores, reacciona ante un hecho fortuito con la debida compasión ante el dolor, comprende y acepta el sufrimiento como una piedra del camino que hay que recoger y echarse al hombro para seguir andando. Su peso se aligera al hacerlo parte de nuestra realidad, sin combatirlo ni rechazarlo.

Lo anterior abre paso a la aceptación que teje un manto sobre el dolor y como todo evento en nuestra vida, podemos llegar a convertirlo en un aliado al buscar y encontrar lo bueno de él .Todo en la vida, ya sean cosas o personas tienen un lado positivo que podemos descubrir al mirarlos desde un estado de conciencia real y objetivo. Llegados a este punto, agradecer la lección o aprendizaje entre los nudos de ese manto que nos cubre es la práctica de la humildad que al final nos hace mejores y merecedores de la gran recompensa que es la esperanza de que todo el proceso es posible y liberador.

A estos pasos se une tener la certeza de que el sufrimiento tiene como cualidades irreversibles su impermanencia y transitoriedad. Todo está en una constante evolución y eso incluye al sufrimiento. Casi sin notarlo nos acostumbramos a las pérdidas, a las ausencias pues el mundo sigue funcionando a pesar de ellas y nosotros también.

Y al ser conscientes de estos principios o características del sufrimiento, aprendemos a no luchar en su contra, le invitamos a caminar a nuestro lado, y ya en el mismo rumbo, notaremos que es posible transitar el camino del sufrimiento en paz, que estamos palpitando en sintonía con la energía vital del universo como creaturas de él y sentiremos gratitud y respeto ante la dimensión de lo que nos corresponde vivir.

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