Renuévate y date el gusto de vivir

Por: Ana Elena Santanach

Creo que nos ocurre a la mayoría de las personas. De pronto un día despertamos y queremos poner todo en orden. Ordenar el guardarropa, cambiar los muebles de posición, eliminar objetos acumulados, regalar ropa y utensilios que ya no tenemos intención de usar. Pero realmente es una alarma que repentinamente nos dice que necesitamos ordenarnos interiormente. Necesitamos renovar algunos pensamientos que han estado gobernando nuestra vida. Esa renovación demanda que se vacíe la mente de todas esas sutiles suposiciones e ideas con las que hemos manejado la vida y que realmente no han funcionado del todo. Llega el momento en que hay que reemplazarlas por otras más lúcidas, justas y gratas. Algunas muy sencillas podrían ser:

-La vida es hermosa sólo si queremos y procuramos que lo sea.

-Todas las personas tienen una historia que contar. Solo necesitan que alguien les ponga atención. Escuchemos sus historias para que nos escuchen las nuestras.

-La felicidad se trabaja. Así como una buena familia, un buen matrimonio y un buen negocio.

-La vida es como un libro. A veces, debemos arrancarle páginas, y hasta capítulos enteros. ¿Cómo?: Con el perdón.

-La distancia más corta entre dos personas no es una palabra ni el silencio, es una sonrisa. Mejor aún, si no tienen razón para sonreír.

-Aunque no valoren nuestros actos de bondad, hay que seguir haciendo el bien, siempre. No perdamos nuestra capacidad de amar y de dar.

-Abramos los ojos. Hay cosas bonitas pasando al alrededor nuestro. Abramos los oídos. Hay música de buenas noticias sonando en el aire.

-Hay una edad para las rabietas, la niñez.

-Los buenos momentos no aparecen solos. Hay que provocarlos. Construirlos. El café con la amiga. La cena romántica con el ser amado. Hay que planearlas. Agendarlas.

-Aceptar que también tuvimos la culpa. Ignoramos las advertencias. Creíamos que lo podíamos manejar.

-Así como juzgamos a los demás, seremos juzgados. No se vale precipitarnos en los juicios. Mejor es juzgar favorablemente. Las listas negras condenan.

-Cuando menos lo esperas todo sale bien, después de haber salido mal. Después de la tormenta, la calma. Dios sigue sorprendiéndonos. No falla.

-La paciencia nos permite vivir. Es un gran poder. Nos ayuda a esperar y no desesperar mientras avanzamos. Recordemos que el que está detrás y delante de nosotros también tienen prisa.

-Hablemos con Dios. No tenemos que saber hebreo. El entiende todos los idiomas. Y no tenemos que estar en un templo (aunque sí es importante). No seamos tímidos con Él. Pero también escuchémoslo. Nuestra vida cambiará.

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Ana Elena Santanach es conferencista.

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