Refugios de Vida

Por: Ana Elena Santanach

Todos los seres humanos nos movemos, caminamos y hasta saltamos constantemente de un escenario de vida a otro debido a lo cambiante de nuestras circunstancias y porque no tenemos el control de todas ellas. Eso puede que a algunos nos haga sentir vulnerables, expuestos y en peligro. No podemos aceptar que todo es una asignación temporal, que estamos de paso. Sentimos que necesitamos más seguridad, más estabilidad y más “permanencia” Y para ello adquirimos más y más bienes materiales, estudios, proyectos, hobbies, relaciones. Todo lo que externamente podamos conseguir. Y no es una mala posición. Todo eso tiene su función y uso. Pero ciertamente lo que necesitamos es protegernos desde nuestro interior, nuestra mente y corazón, y no únicamente desde afuera. Estamos tan desprotegidos emocional y espiritualmente, y aunque tengamos nuestra casa rodeadas de muros, necesitamos refugios verdaderos. Sentirnos “refugiados”, admitiendo que somos “peregrinos y extranjeros” en esta tierra (I Crónicas 29:15 Biblia).

Refugio de sueños

Este es un refugio maravilloso, inspirador y emocionante porque son los planes y proyectos que dejamos en el estante quizá desde la niñez. Sueños congelados en el tiempo y que deseamos retomar pues cobraron nuevo sentido. Puede ser la brecha entre quienes somos y lo que hacemos y lo que nos gustaría ser y hacer. Es el libro no escrito, es el viaje no realizado, es quizá hasta la fiesta de quinceaños no celebrada. ¡Hay que hacerlos realidad, mientras se pueda! Y festejar cada avance.

Refugio del ser auténtico

Es ese rincón, esa esquina del corazón que nos muestra que somos irrepetibles. Nos ayuda a quitarnos la máscara y mostrar quien somos en realidad, pero con el deseo de ser mejor. Fingir ser alguien que no se es causa ansiedad. Trabajar en la versión mejorada y editarla causa bienestar.
Refugio de sanas relaciones.

Comenzando por ser sanos nosotros mismos. Y si no lo somos, trabajar con honestidad en ello. Sólo así podemos “filtrar” las relaciones equivocadas y recibir a las adecuadas, las que valoran, las que vigorizan. Hay bellas personas que son refugios donde podemos escondernos de las amenazantes tormentas. Seamos un eslabón más de la cadena de personas que bendicen a sus amigos, familiares, colaboradores y al mundo. “En todo tiempo ama el amigo; para ayudar en la adversidad nació el hermano” (Proverbio 17:17 Biblia).

Refugio de gratitud y asombro

¡Cómo nos conforta y anima admirar las miles y miles de estrellas que nos muestran cómo brillar! El arco iris después de la lluvia. El apretado abrazo de dos hermanos que se reencuentran. Los amigos que no fallan y no faltan. Qué gran sentido le da a esto el Salmo 92:4 (Biblia) “Mi Dios, tus obras son maravillosas, me ponen alegre”. Reconozcamos esos regalos que dan luz y alegría a nuestra vida. Son refugio seguro.

Refugio de fe y oración

La fe nos permite permanecer comprometido con nuestra vida aún en situaciones dudosas o difíciles. Nos permite creer que Dios tiene fe en nosotros. Que en El estamos en el verdadero refugio, continuo y eterno. Cada día nos dice: “Este nuevo día es una nueva oportunidad. No he renunciado a ti ni lo haré”. Nuestra respuesta: La oración, la plegaria, como una constante en nuestra vida. Hacerlo cuando estamos ansiosos y asustados. Frustrados y confundidos. Cuando estamos lastimados y desilusionados. Pero también, cuando estamos alegres y confiados. La oración es un refugio que puede ir con nosotros donde vallamos., según lo enseña el Salmo 71:3 (Biblia) “Oh Dios, eres una roca de refugio a la cual puedo ir continuamente”.

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Ana Elena Santanach es Conferencista
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