¿Qué es reinventarse?

Por: Verónika Zanoni

Es un término acuñado para referirse a cambios que podemos experimentar en nuestro proceso de crecimiento y mejora personal.

Pero, ¿qué impulsa esa necesidad de cambio? ¿Cuándo y cómo nos damos cuenta de que necesitamos cambiar? ¿Qué hay de malo en lo que hemos vendido haciendo? ¿Cómo no caer en los mismos errores? ¿Cómo identificar el cambio adecuado para nuestras vidas? ¿Estamos preparados para asumirlo? ¿Estamos preparados para el impacto del cambio en nuestras vidas? y la más importante es ¿Dónde o en qué parte de nuestro cuerpo se origina la necesidad de reinventarse?

Las señales de satisfacción o insatisfacción están enraizadas a esa dupla maravillosa de mente – corazón. Y es casi imposible separar una de otra porque aunque cada una tiene su propia dinámica y características, tienden a fusionarse o inmiscuirse entre sí, de manera tal que una decisión tomada por la mente nos hace sentirla en el pecho, hogar del corazón, y causarnos desde una felicidad sublime hasta una serie de emociones malignas y descontroladas, según sea el caso.

La mente es ágil y adaptable, lo cual es significativo a la hora de un cambio, permitiendo la conocida neuroplasticidad o habilidad de moldear nuestro cerebro para así adaptarnos y alcanzar cambios de vida importantes. Esto se logra al “formar y reformar redes neuronales a partir de nuestras experiencias”. Es decir, es la habilidad de moldearse con el aprendizaje.

Nuestra mente puede despertar y ser un instrumento al servicio de nosotros. Cuando ocurre lo contrario, manda sobre nuestro cuerpo y nos esclaviza. Así lo explica el Dr. Joe Dispenza, quien en sus investigaciones resalta la importancia de avocarnos a la modificación de estructuras neuronales fijas que limitan nuestro crecimiento, impidiendo la expansión de nuevas redes neuronales propiciadoras de cambios conductuales de avance y bienestar. Igualmente refiere Dispenza el amplio, desconocido e ilimitado poder de nuestro cerebro. Afirma el investigador que “…Podemos reprogramar nuestro cerebro para cambiar el comportamiento. No cambiamos nuestro destino porque no creemos que sea posible. Los ciclos de pensar y sentir generan nuestra personalidad. Cambiar es pensar más allá de cómo nos sentimos.”

Nuestro cerebro es como el director ejecutivo del cuerpo. Dispenza observó cómo una serie de pacientes logró la remisión espontánea de sus enfermedades al desarrollar nuevas redes neuronales. Con el cambio de la manera de pensar, nuestros pensamientos se convierten en materia. El gran protagonista es el lóbulo frontal que elimina todo lo que no es prioritario para focalizarse en un único pensamiento, y es en ese momento en que el cerebro rehace su red neuronal.

Vistas estas consideraciones podemos decir que la mente y sus procesos pueden ser aprovechados para nuestro cambio y felicidad, siendo importante que todo aquello que nos propongamos esté en sintonía con nuestro ser interior. Si no lo logramos a la primera no importa; el ensayo y error es válido y podemos ir corrigiendo y mejorando en el camino.

En eso consiste el diseño de nuestro proyecto de vida. Cuando emprendemos nuestro cambio, estamos reinventándonos y hemos de sentirnos felices con nuestro cambio a pesar de las piedras en el zapato. Necesitamos estar preparados. Solo así no renunciaremos a nuestro proyecto y podemos hacer uso de nuestras fortalezas y encontrar nuevas oportunidades dentro de nuestras debilidades.

Otro investigador, el Dr. Puig nos da ciertos consejos útiles para el proceso.

Mira por ti. Tú eres el primero. Está bien ayudar a los demás pero sin olvidarnos de nosotros. Esto va de la mano con saber qué queremos.

Empezar de nuevo. Ante las adversidades de la vida siempre hay nuevas oportunidades para volver a empezar.

No te autocastigues por tus errores. Aprende de ellos. No podemos quedarnos varados en la contemplación de nuestras equivocaciones a riesgo de no salir de ese estado. Practiquemos el auto perdón, con disposición de aprender para enmendar.

Piensa en todo lo bueno que tienes y verás lo afortunado que eres.

Podemos reinventarnos tantas veces como sea necesario, solo así dejamos paso libre a nuestro verdadero ser para descubrir lo que queremos y actuar sin miedo.

Lo aconsejable en este proceso es ser realista y tener una visión más honesta entre lo que queremos y podemos lograr para evitarnos tragos amargos como la frustración. Hemos de estar claros en que el proceso puede tener inconvenientes y que no por eso vamos a renunciar. Las cosas buenas llegan a quienes las trabajan y en nosotros está ese no sé qué que nos hace especiales y nos dispone a trabajar para lograr nuestro objetivo.

También es importante no olvidar nuestras raíces que al fin y al cabo son las que nos definen. Tener consciencia de quienes somos deja espacio a nuestra propia identidad y actuaremos en consecuencia según lo que esperamos de nosotros. No hay que olvidar que en todo proceso de crecimiento podemos modificar nuestras identidades para avanzar, pero siempre recordando nuestras raíces. Para evitar la rutina la Doctora Helston propone la teoría de las tres R’s para valorar si estás preparado emocional y psicológicamente para reinventarte. Estas son:

Resiliencia: Para poder hacer frente a todos los desafíos que vamos a encontrar.

Respeto: De nuestros valores o identidad.

Renovación: De nuestros pensamientos y actitudes, indispensable para reinventarte.

Y asumir y entender que tenemos capacidad para el cambio dejando atrás los miedos y salir airosos de la prueba.

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