Panamá registra la tasa de inversión más alta de la región

En 2017, la tasas de inversión de Panamá aportaron un 45% del Producto Interno Bruto (PIB), según se extrae del más reciente informe anual del Banco Interamericano de Desarrollado (BID) ‘La hora del crecimiento’, divulgado esta semana.

Las cinco naciones que le siguen a Panamá, en tasa de inversión, son: Surinam, Nicaragua, Haití, Bahamas y Honduras.

En el documento, el organismo señala que el crecimiento registrado en los últimos años en América Latina y el Caribe ha sido mediocre, pero esto podría cambiar con una mayor —y eficiente— inversión.

Según el BID, la eficiencia se logra obteniendo más por cada dólar invertido. No obstante, la inversión en la región ha sido relativamente baja en comparación con la mayoría de las demás regiones del mundo.

De hecho, destaca el documento, aunque la inversión creció algo en la década del 2000, volvió a desplomarse en los últimos años, de modo que entre las regiones del mundo solo el África subsahariana invierte menos porcentaje del PIB. Sin embargo, las tasas de inversión varían considerablemente según los países.

Aun así, la mayoría de países de América Latina y el Caribe todavía se sitúa por debajo de la tasa de inversión promedio en Europa emergente (cerca del 25% del PIB) sin hablar de las tasas más altas en Asia emergente o en Oriente Medio y Norte de África. La inversión privada es el componente principal de estas tasas de inversión total en la región.

Por otro lado, la inversión pública ha sido extremadamente baja, con un promedio de sólo 5% del PIB desde 2001 en el ‘país típico’, argumenta el documento. Un primer motivo potencial de una falta de inversión total es la falta de ahorros. Las tasas de inversión total van de la mano con las tasas del ahorro nacional. Esto significa que los países con bajo ahorro nacional en gran medida no emplean los ahorros externos para complementar su tasa de inversión relativamente baja. Al parecer, en el mejor de los casos los ahorros externos son un sustituto imperfecto de los ahorros internos.

Aun así, no implica necesariamente que el monto del ahorro sea la limitación más importante. El nivel de las tasas de interés internas puede indicar si el problema es realmente una falta de ahorro, que limita la cantidad de inversión, o una falta de oportunidades rentables, que puede influir en la cantidad y calidad de la inversión.

En los países sin buenas oportunidades de inversión, puede que las empresas acaben no invirtiendo, o invirtiendo en proyectos de baja productividad que generan una baja eficiencia de la inversión medida.

En cambio, el informe sostiene que las altas tasas de interés sugerirían que si bien los proyectos de inversión rentables pueden existir, el financiamiento para ellos será escaso. Varios países en la región con bajas tasas de inversión han tenido altas tasas de interés real y altos diferenciales bancarios que indican que, en esos casos, el bajo ahorro y la deficiente intermediación financiera interna pueden ser limitaciones cruciales.

Sin embargo, varios países con tasas de inversión bajas (y bajos ahorros) también tienen bajas tasas de interés internas. Esto sugiere que la principal limitación es una falta de proyectos rentables, más que una escasez de fondos. Un motivo puede ser los problemas percibidos por los inversores para apropiarse de las ganancias, al que nos referimos como un problema de apropiabilidad.

El BID también explica que otro motivo es que los derechos de los acreedores sean limitados y que la gobernanza corporativa sea débil, de tal manera que los accionistas minoritarios o los acreedores no están dispuestos a invertir en empresas, aun cuando sus actividades sean rentables. Puede que estos problemas además limiten el tamaño de los sistemas financieros a la vez que reduzcan la oferta de proyectos que los inversores están dispuestos a financiar.

Con base en lo anterior, esos problemas a menudo van acompañados de lo que se conoce como represión financiera. En este caso, puede que las políticas económicas sean las culpables. Las acciones bien intencionadas para regular y limitar el nivel de las tasas de interés o para proteger a los consumidores (por ejemplo, no permitiendo a los bancos embargar las garantías en caso de impago) también puede inhibir la inversión y reducir el tamaño de los sistemas financieros.

Además, los factores institucionales como las regulaciones deficientes, la corrupción, el crimen y la baja calidad y disponibilidad de infraestructura, pueden afectar negativamente a los incentivos de inversión.

Por último, el estudio del BID indica que algunos países, generalmente aquellos con tasas de inversión más altas, pueden enfrentarse a barreras alternativas para impulsar esos niveles de inversión.

En esos casos, los sistemas financieros tienden a ser más profundos y puede que los mercados financieros internos funcionen relativamente bien (o puede que haya un amplio acceso al ahorro externo), las tasas de interés tienden a ser relativamente bajas y la principal limitación para impulsar la inversión podría estar relacionada con el suministro de insumos complementarios. Dependiendo del caso, puede que los países carezcan de la infraestructura necesaria, el capital humano o las habilidades para aumentar la oferta de proyectos rentables.

 

Fuente: La Estrella de Panamá

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