Paciencia

Por: Ana Santanach

La paciencia es una virtud muy rara y se podría decir que casi es un lujo para el que la posee. No es una cualidad natural e innata. Hay que adquirirla. Cultivarla. Y aún el que considera que es paciente le va a ser probada aún más en estos tiempos de crisis y de encierro. La paciencia requiere plena conciencia de la situación, sus posibles soluciones y, sobre todo, el tiempo que tomará alcanzar esas soluciones. Porque si hay algo que encuesta la paciencia es la espera. Por lo que paciencia es sinónimo del verbo esperar. Así que mientras esperamos, qué hacemos:

-Asumir la situación sin culpas y sin juicios personales severos. No es algo personal. Le está pasando a todo el mundo. A unos les afecta más, a otros menos.

-Descubrir el gusto de los placeres sencillos: disfrutar un buen helado o una taza de café; una ducha caliente o una ducha fría; una buena plática con la familia sobre un tema profundo.

-Proponerse desarrollar equilibrio emocional. Pensar en cosas alentadoras. Considerar nuevas ideas. Nuevos planos para el futuro inmediato o a mediano plazo. Incluir terrenos o áreas inexploradas.

-Establecer prioridades en todo. Considerar el grado de importancia de las cosas: una gotera no es tan relevante como un miembro de la familia que esté enfermo. Hay que poner as situaciones y las personas en su justo lugar.

-Combinar la paciencia con la esperanza. Es el dúo perfecto. Su fruto es la fe. Fe en que se volverá a sonreír. Fe para rescatar lo mucho que todavía se puede rescatar. Fe para creer que hay una salida y que llegará a tiempo, aunque aún no se vea: ”Es pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” Hebreos 11:1 (Biblia). Fe para esperar con paciencia.

 

Compartir