No te recordarán por tus pensamientos

Por: Lorena Castro Jaén

La frase que titula el presente artículo surge como concreción de la homilía que se compartía el día de ayer. Como lectura para promover la reflexión en el marco del Día del Emigrante, el sacerdote hacía un llamado a la solidaridad como valor que todos, sin distingo de preferencia religiosa, social o política demanda en un contexto nacional marcado por el desplazamiento de miles de venezolanos que buscan, más allá de las fronteras procurarse una mejor calidad de vida. Un fenómeno que es ventilado en los medios de comunicación por su magnitud e implicaciones no solo para los países fronterizos sino para el mundo en general. No luce exagerado afirmar que la bandera nacional ondea en todos los continentes.

La lectura a la que se hacía referencia era la muy conocida del buen samaritano. Una escena que narrada en el libro de Lucas utiliza el mismo Jesús para hacernos entender la compasión para con el necesitado es lo que se espera de todos, y cada uno de nosotros y que en un mundo que exhibe riquezas y grandes avances científicos y desarrollos tecnológicos, la calidad y la solidaridad no parecen estar en la agenda. Basta con mirar los indicadores de pobreza para que mucho falta por avanzar en esta materia. De allí, que de poco sirve señalar a los gobiernos, instituciones y responsables formales de implementar programas sociales y políticas inclusivas, si tales valores no han logrado permear en la conciencia colectiva.

Del pensamiento a la acción

Resulta curioso observar cómo, personas muchas veces sin recursos son capaces de liderar grandes obras de caridad. Simplemente asumen con determinación que la práctica de la misericordia dicho en palabras del mundo espiritual, se concreta en pequeñas acciones que sumadas marcan la diferencia en un mundo desigual. La madre Teresa de Calcuta, es solo uno de los grandes ejemplos que podemos referir. ¿Quién es mi prójimo? Le preguntaba el maestro de la ley a Jesús. Su respuesta la enmarca en una parábola. El hombre herido e ignorado por otros dos personajes es atendido amorosamente por el samaritano. Tal como cientos de veces hizo la madre Teresa con aquellos abandonados de la vida.

Finalmente, y sin importar el lugar, la religión, la afinidad política e inclusive la situación económica, todos y cada uno de nosotros podemos mirar a ese prójimo que muchas veces está en nuestras propias familias. Curar las heridas que no siempre son del cuerpo, requiere solo dejar de mirarnos y comenzar a mirar al que tenemos más próximo. En tono casi imperativo cierra la citada lectura con una frase: “Vete y haz tu lo mismo”

¡Hasta un próximo encuentro!

__________________

Lorena Castro Jaén es facilitadora y consultora en el área de recursos humanos y gerencia.

Twitter e Instagram: @gerenciaenpositivo

Compartir