Lo podemos hacer mejor

Por: Ana Elena Santanach

¿Es contradictorio compartir temas acerca de la paz, felicidad, libertad, talentos, virtudes y Dios en tiempos como los actuales? Tiempos de incertidumbre económica, social, gubernamental y sobre todo espiritual. O debería escribir sobre tópicos más “productivos” como inversiones, empleos, dinero, políticos y farándula, considerando esa perspectiva como más interesante y rentable. Pero la realidad, o la percepción, es que cuando cada inversionista se va su casa después de revisar cuánto ganó (o perdió) en la bolsa de valores, lo que desea es paz; cuando cada colaborador empresarial abre las puertas de su residencia y traspasa el umbral, espera encontrar un refugio de amor aunque sea un apartamento de pieza única; cuando cada flamante presentador de televisión, tan desenvuelto y seguro de sí, se cita con su familia anhela palabras de admiración amor y respeto; o cuando los glamorosos artistas y cantantes se van a sus frías habitaciones de hotel, ansían un amigo sincero que los abrace y los ame tal cual son y no por lo que representan en ganancias. Pero más relevante aun, cuando cada ser humano mira a su alrededor y reconoce su vacío interior, su sed de algo más, su hambre no saciable con banquetes, manjares y finos cocteles; cuando rodeado de tanta gente, y abrumado con tantos “contactos”, se da cuenta de su soledad, deseará la innegable presencia e intervención de Dios (aunque no lo reconozcan en voz alta).

¿Me captas hacia dónde voy? ¿Habrá realmente correlación entre ingresos y felicidad?; ¿entre fama y paz interior?, ¿entre escenario luminosos y motivación de vivir? ¡Sería genial tenerlo todo! Entonces, cómo obtenerlo:

Determinar convertirnos en lo que debemos ser. No es si queremos. Es un deber. Ser padres abnegados, esposo fieles y considerados, hijos amorosos, ciudadanos honestos y serios. Si nos falta de paz, o estamos teniendo angustias, debilidades, malos hábitos o adicciones, debemos hacernos cargo. Hacer que funcione ¡Ya! Las cosas no se arreglan solas. Tenemos que responsabilizarnos.

-Pulir nuestro carácter. Sacarle brillo. Que de luz y no oscuridad. Como no somos esencialmente buenos, y cada uno somos asediados por deseos en conflicto, debemos trabajar diligentemente en las virtudes y la ética. La maldad la combatimos desde adentro. Desde el interior de nuestro corazón, desde el interior de nuestras casas, desde el interior de nuestras familias hasta impactar la sociedad. Así lo enseña el Proverbio bíblico 4:23 “Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón porque de él mana la vida”.

-Tenemos un importante rol que cumplir. Hay una meta que alcanzar y para eso necesitamos de los dones y habilidades. Algunos podrían ser usados en su rol de artista para edificar la sociedad con sus películas; otros con sus cantos; algunos con su profesión de informáticos y entregar buenas noticias. Los demás como médicos, abogados, albañiles, bodegueros, taxistas, conferencista. Cada uno es como una pieza en el rompecabezas de la vida. Nuestro rol es nuestra contribución al mundo.

-Elijamos buenos amigo. Buenos no solo significa divertidos o espléndidos. Si no personas cuyas metas y valores admiremos. La gente que está a nuestro alrededor nos influye profundamente. Existen personas de las que hay que alejarse y otras a las que hay que acercarse más.

-Revisar los valores y convicciones. Reexaminar las bases de lo que creemos. Desarrollemos un coraje moral para vivir de acuerdo a la verdad, aunque los demás se opongan.

-Búsqueda de Dios. Cuanto más nos acercamos a Dios más reconocemos nuestras propias limitaciones, nuestra mortalidad. Aceptarlo nos beneficia porque nos hace sentir más humildes, relajados y flexible ¡Es el paraíso! Además, acercarnos a Dios es conocer las obligaciones y también los derechos que Él nos dio. Es nuestro gran aliado, tanto para corregirnos y disciplinarnos (por amor), como para ayudarnos y bendecirnos (también por amor): “Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su único hijo para que todo el que en él crea no se pierda…” Juan 3:16 (Biblia).

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Ana Elena Santanach es conferencista.

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