La vida y el Mundial (Segunda parte)

Por: Ana Elena Santanach

Treinta y dos países, treinta dos equipos. Todos con el mismo plan y el mismo objetivo: competir durante casi un mes para llevarse la Copa. Y por primera ocasión, mi hermoso país, Panamá, se suma a este momento histórico. Es tal la atmósfera contagiosa de júbilo, que aún el más evasivo (como yo), se siente incluido en algo grande, algo importante, especial y heroico que se dará durante treinta días.

Este deporte despierta tal avalancha de emociones que es difícil no compararlo con la vida misma. Como muchos grandes jugadores han declarado: “el futbol es mi vida”. Y no todos se refieren a las “grotescas” cantidades de dinero que vale, no el jugador (un ser humano, hombre o mujer no tiene precio), sino el traspaso de un club a otro, por poner un ejemplo. Pero podríamos aprender algunas cosas de ésta metáfora:

  1. La vida es un juego, pero también una lucha contra un adversario que nos infunde miedo. Pero la suma del trabajo del equipo (matrimonio, familia, amigos, comunidad…ojo ¡gobernantes!) permite oponérsele y vencerlo, ubicándonos en la posición asignada y haciendo lo que nos corresponde: delantero, mediocampista, defensa o portero.
  2. No siempre se gana, ya que la pelota no siempre viene por donde se le espera. Pero siempre se aprende y se crece. Resistir y no rendirse es la clave. Nuestras victorias y derrotas son, en parte, temporales.
  3. En la vida hay momentos alegres y momentos tristes. Y se experimentan y superan mejor con las personas que amamos. Hay fricciones (sino preguntémosle a Zinedine Zidane), y hay abrazos. Asegurémonos de cultivar relaciones sanas. Que sumen. Hay gente que hay que darle la tarjeta roja. Al menos por un tiempo.
  4. En la vida, se requiere pasión. La pasión hace aceptables todos los sacrificios. Se necesita pasión para salvar los obstáculos y seguir los objetivos tenazmente. Como expresara el señor Pep Guardiola, con su estilo propio e innegociable: “Mi único mérito es amar lo que hago”. Me encanta la declaración de Jesús, en Juan 10:10 (Biblia): “Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia”. Dios desea que seamos apasionados.
  5. En la vida, más que el cuerpo, se entrena el corazón, poniendo en valor lo que tenemos, protegiendo lo que amamos y comprometiéndonos con lo que decidimos. Al igual que el balón, el corazón “rueda en la cancha”. Sin balón no hay futbol. Sin corazón no hay vida. El proverbio 23:4 enseña “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque éste determina el rumbo de tu vida”.
  6. El esfuerzo es necesario. Exige una mejora continua, reconociendo las fallas, puliendo los defectos, fortaleciendo talentos.
  7. La vida no es lineal. Es un contante “correr” zigzagueante de un lugar a otro, de una emoción a otra, de una media cancha a otra. Si no fuera de esa manera sería pura inercia, rutina, desazón. Apatía completa. Vida mecánica.
  8. En la vida, hasta el último minuto cuenta, mientras el reloj siga corriendo. En ocasiones hay que bajar el ritmo, (ir a la banca o al entretiempo) para descansar y pensar cómo estamos haciendo las cosas y poder retomar fuerzas hacia las jugadas decisivas. Porque la realidad de la vida, y del futbol, es que hay un pitazo final.
  9. En la cancha de la vida no se va a pasar el rato. Toda distracción (vicios, desordenes morales, caprichos emocionales, egoísmos) no son más que piruetas y no jugadas sabias. Se entra en la cancha a alcanzar el objetivo. A sacarle provecho. A entregarlo todo.
  10. Por último. Los jugadores pueden tener extraordinarias habilidades, capacidades sobresalientes, disposición incondicional, pero siempre deberá seguir los lineamientos del entrenador-director. En la vida también tenemos ese entrenador: Dios y su Palabra. Él conoce todas las reglas (Él las diseñó), organiza el equipo, reconoce los talentos, transmite las convicciones, alienta y fortalece antes, durante y después del partido. Pero lo que más me emociona es que ese entrenador “ficha” a todos los que se presenten a la cancha.

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Ana Elena Santanach es conferencista.

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