La vida y el Mundial (Primera parte)

Por: Ana Elena Santanach

¿Cómo se juega el futbol?: un balón, una cancha, dos arcos a los extremos opuestos entre sí y dos equipos con once jugadores cada uno (con un solo equipo no hay juego), que también se oponen entre sí para lograr el objetivo clave, introducir el balón en uno de los dos arcos y ganar. Obviamente, no es tan fácil lograrlo. Hay que ajustarse a las reglas del juego. ¡Sí, el futbol, como todo en este mundo, tiene reglas! Y hay que seguirlas.

La vida puede ser comparada con un partido de futbol. Principalmente porque cada uno de nosotros pertenecemos a uno u otro equipo, y el equipo al que no pertenecemos será nuestro oponente, adversario, y hasta un enemigo. Lo más importante es no dejarse desanimar por los obstáculos, ataques y trabas. Hay que saber esquivarlos y llegar a “marcar” los goles de la victoria. Y para eso sólo contamos con noventa minutos.

A nivel personal, familiar y social también se está constantemente “jugando” en una cancha. Corriendo incansablemente por ella. Y no podemos elegir si jugar o no.  Los desafíos son innumerables. Pero tenemos la libertad de elegir si vamos a jugar bien o jugar mal y para qué arco vamos a patear. ¿Nacimos? Pues ya estamos en la cancha: la de nuestros pensamientos, emociones y decisiones. Elecciones entre lo que queremos hacer y lo que debemos hacer. La idea es mover nuestra vida hasta colocarla cerca de la portería y dar la gran patada: Una buena familia, el empleo que deseamos, la comunidad de amigos, la relación profunda con Dios. Para eso debemos mantener la pelota de nuestro lado. La vida de nuestro lado, pero los adversarios como el miedo, la ansiedad, la inseguridad y otros, nos distraen y nos alejan del propósito. El equipo contrario luchará siempre para ponernos resistencia. Se nos puede olvidar que estamos jugando un partido importante. El partido de nuestras vidas.

Dios creó el mundo y todo lo que en él hay para que podamos ganarnos nuestro galardón, la Copa de la vida. Nos dio reglas para otorgarnos méritos y reconocimientos. Nos dio tiempos de entrenamiento y nos advirtió del rival. Nos ha dado lo suficiente para ganar. Y no solo ganar, sino disfrutar el partido, aunque sudemos, nos cansemos y nos lesionemos. Él es el Dueño y Entrenador del equipo, y no desea que se pierda las perspectivas de nuestra vida en distracciones, descuidos o desordenes en la cancha. Porque, aunque parezca contradictorio, también es el Árbitro. Y puede sacarnos tarjetas, las amarillas y las rojas (cuidémonos de no ser expulsados del partido). Y así como el futbol requiere disciplina y fuerza de voluntad, el juego de la vida también. Y las anotaciones, jugada por jugada, gol por gol deben ser anotaciones morales, emocionales y espirituales. Recordemos, además, que, si vamos perdiendo, siempre podemos darle vuelta al partido, y anotar. De “tiempo reglamentario”, “tiempo suplementario o alargues” y “penales”, compartiremos próximamente.

_________________

Ana Elena Santanach es conferencista.

Facebook Ana Santanach

Compartir