La resiliencia (Segunda parte)

Por: Carlos Piña Grau

La pérdida de un ser querido, la ruptura de la pareja, la aparición de una enfermedad de mal pronóstico, un accidente que implica secuelas en nuestra salud, la pérdida del trabajo, etc., son todas situaciones que nos ponen a prueba.

Es muy posible que tras el impacto se presenten situaciones de shock, de negación o evasión si es que eso es posible.

Algunos reaccionan de inmediato, otros responden de manera más sosegada y quizás el shock postraumático salga a relucir meses después, generando nueva ansiedad y estrés en los  cuales necesita trabajar. Los sentimientos se hacen más intensos, hay cambios de humor y tendencia a discutir, aparecen reminiscencias del suceso, problemas de concentración o cambios en los patrones de alimentación o alteraciones del sueño.

Tristeza, culpa, ira, también aparecen. El resiliente sabe lo que es el fracaso porque lo ha experimentado más de una vez, pero no se da por vencido.

Según la magnitud o intensidad del suceso, una vez pasado el primer impacto y ordenadas las primeras emociones, el resiliente puede observar y analizar lo que puede hacer y si sus opciones son realistas; cambiar su perspectiva del problema puede ayudar, así como crear un ambiente de optimismo y rodearse de personas con una actitud positiva que le den el afecto y el soporte necesarios.

Recordemos que ante el problema sólo tenemos 2 opciones: darnos por vencidos aún antes de intentarlo, o encontrar en el evento la oportunidad de fortalecernos y crecer.

Aquí entran en juego factores como la creatividad para transmutar el dolor en fortaleza para el crecimiento y la superación.

También aparece la práctica del Mindfulness o consciencia plena; esto quiere decir que para superar el momento y sus consecuencias, hay que hacerlo desde el momento presente lo cual es vital para lograr la aceptación, y no dar cabida a las penas del ayer y dejarlas en el pasado al cual pertenecen, y no adelantar expectativas futuras irreales que nos llenan de preocupación y angustia.

Así, pueden disfrutarse los instantes que sólo se aprecian desde el aquí y ahora. La resiliencia incluye también perseverancia, compromiso y una buena dosis de humor ante la adversidad. Poder reírse de sus torpezas ayuda a enfrentar con optimismo las situaciones que se presenten.

No quiero cerrar el tema sin mencionar la importancia de enseñar a nuestros hijos la capacidad de ser resilientes.

Hay estudios que señalan que luego de aplicar en un grupo de niños técnicas de resolución de problemas, toma de decisiones, actitudes positivas, relajación y asertividad, su capacidad para enfrentar problemas mejoró notablemente y se observó una reducción de los casos de depresión infantil y juvenil y el fortalecimiento de los procesos de aprendizaje.

Algunos resilientes conocidos son: Stephen Hawking, Frida Kahlo, Helen Keller, Francisco Goya, Ludwig van Beethoven, etc.

La conclusión es que todos podemos aprender  a ser resilientes en mayor o menor grado y que no hay edad ni otro tipo de distinciones que nos eviten sufrir pérdidas, separaciones, o fracasos y que si podemos desarrollar nuestras habilidades, conductas y pensamientos estaremos preparados para manejar adecuadamente las circunstancias difíciles que se nos presenten.

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Email:  carlospinagrau@gmail.com

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