La opinión de los niños

Por: Susana M. de Vaamonde

Si la opinión es: “La idea, juicio o concepto que tiene una persona acerca de algo o alguien”, pareciera que este concepto es algo profundo para incluir los niños en él.

En generaciones no tan lejanas se expresaban frases como “Los niños son para ser vistos y no oídos”, o “Calladitos se ven más bonitos”. Estas máximas estaban y siguen estando muy lejos de la realidad porque los niños como entes racionales que son, observan, oyen y se forman criterio de las cosas, personas o acontecimientos ya sea que los involucren o no.

¿Cuál es el momento exacto en que el ser humano es consciente de sí mismo, de su existencia, tanto como para poder opinar? Sigue siendo un dilema o punto de discusión entre quienes estudian la mente humana. Al principio de la vida, el niño en útero tiene percepciones sensoriales. Ciertos estudios inducen a pensar que ya en ese momento el ser en formación percibe los estímulos como agradables o desagradables; percibe el estado de ánimo de la madre; percibe sonidos o la luz intensa y de alguna forma esto va creando respuestas. Una vez en este mundo esas percepciones les llegan por múltiples canales sensoriales y dicen algunos investigadores que es cerca de la edad de 11 años cuando todos los procesos vividos lo hacen ser consciente de sí mismo.

Quienes somos padres o estamos cerca de niños, podemos observar las etapas de madurez que va ganando y cuándo da señales de reconocerse a sí mismo. Descubre sus manitas o sus pies, juega con ellos, los lleva a su boca. Descubre objetos, reconoce rostros, aprende a manifestar sus necesidades, es decir, va de lo elemental hacia algo más sofisticado a medida que observa, experimenta y madura.

Más adelante su curiosidad innata le lleva a explorarse a sí mismo en sus habilidades y competencias, una de ellas muy importante como lo es el lenguaje. Este le sirve para expresar no solo sus necesidades sino que es el canal de comunicación que empleará el resto de sus días.

Y es allí donde no solo pregunta incansablemente los porqués, sino que empieza a manifestar su aprobación o disgusto en todo lo que le concierne; es decir, opina.

La integración del niño el núcleo familiar le hace escuchar opiniones hasta que llega el glorioso momento de manifestar su deseo de participar, de opinar.

¿Existe un límite? Básicamente al niño se le puede y debe estimular a que exprese sus gustos y deseos, dejando en claro dos cosas: la primera, que es escuchado y tomado en cuenta por su familia. Y la segunda, que son los padres quienes al final deciden luego de tener en cuenta la opinión del niño. Esta es una forma de hacerlo partícipe, de que sienta que su opinión importa y de enseñarle a aceptar y respetar aquello que no le gusta. Es una forma de prepararlo para la vida en sociedad.

También es importante estimular que pregunte ya que es una forma de aprender y participar, le refuerza su autoestima y le prepara para hacerse independiente a medida que crece. Puede decidir en lo que se relaciona directamente con él. Su gusto por juguetes, juegos, ropa, actividades a compartir en familia, de modo que se sienta a gusto en casa.

Enseñarle a cuidar sus hermanos hace que sienta que son familia a quien proteger y no intrusos; la escogencia y cuidado de una mascota le enseña a dar amor y ser responsable.

La opinión de los hijos en todos estos tópicos ha de ser valorada y si es conveniente, se puede decidir sobre ella. Esto lo hace sentir adecuado, refuerza su capacidad de decisión y se siente respetado y querido.

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