La libertad y sus límites

Por: Ana Elena Santanach

Por más extraño que parezca, las prohibiciones son un regalo. Casi no hay un placer en la vida que no se le haya calculado una medida, un uso temporario o una práctica restringida: comer cierta cantidad de dulces, de grasas o de carbohidratos nos evita la obesidad; el consumo moderado, muy moderado de alcohol disminuye el riesgo de enfermedades al hígado y previene accidentes de auto. Pero con respecto a la Biblia, porqué le llamamos el Libro de la verdad que nos liberta: “Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”: (Juan 8:32 (Biblia), y nos carga con demasiadas prohibiciones? ¿por qué pareciera que restringe la libertad y limita la vida?: No hagas esto…no hagas aquello…no hagas lo otro…no…no…no.

Tal es el caso de los Diez Mandamientos. Pero a pesar que sus enunciados inician con la palabra NO, en realidad no nos fueron entregados para coartarnos, frustrarnos, restringirnos o castigarnos ¡muy por el contrario! Son para asegurarnos de no abusar de ninguno de los beneficios y placeres pensados por Dios para nosotros en este mundo, y para desarrollar una vida noble y santa.

Se me vienen a la mente innumerables ejemplos de cómo la observancia (obediencia) a los “NO” y los “NO POR AHORA” ordenados en la Biblia han provocado mucho bien, han impedido mucho mal. Y su descuido y desobediencia ha provocado mucho mal y ha impedido mucho bien:

-No tendrás otro dios fuera de mí. Dios es el centro. Si idolatramos algo o a alguien más (celebridades, artistas, cantantes, deportistas), nos limitamos los recursos o nos volvemos como ellos, y muchos no son dignos de imitar.

-No profanarás el tiempo, sino que lo santificarás (apartarás) para crear conexión con Dios y con las personas. Alejarse un poco de el mundo virtual y atender el mundo real. A nuestros hijos, a nuestro cónyuge, a los amigos y a nosotros mismos.

-Honrar a los padres. La prohibición está implícita: no irrespetar, no desobedecer, no descuidar, no avergonzar. La honra a los padres trae honra y bendición a los hijos. Es el único mandamiento que tiene recompensa directa y específica.

-No matarás. La vida es sagrada. Tanto en el vientre como fuera de él. Y el único que dispone de ella es el que dio ese soplo de vida, Dios.

-No cometerás adulterio. Nos enseña que la intervención de una tercera persona amenaza la santidad del matrimonio y la preservación de la salud de la vida familiar. Poner vallas de protección alrededor de nuestro matrimonio protege la felicidad conyugal y la seguridad, en todos los aspectos, de los hijos.

La biblia contiene todas las recetas para vivir una vida de satisfacción tanto a nivel personal como gratificante a nivel espiritual. Por esa razón sus palabras son ordenanzas y no sugerencias. Permite y restringe. Da cuerda, pero vuelve a recoger. Las prohibiciones son buenas. Nada más analicemos el Manual del Conductor.

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Ana Elena Santanach

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