La emoción de vivir emocionado

Por: Ana Elena Santanach

Es cierto que la mayoría de nosotros no damos conciertos musicales ni a pocos ni a muchos espectadores; no pertenecemos a los acróbatas de un circo; y mucho menos, nos lanzamos en paracaídas, como una actividad de rutina de nuestra profesión o empleo. Aun así, podemos fascinarnos con la vida que llevamos, aunque vivamos en condiciones de vida promedio. Y si ahondamos un poco, nos daríamos cuenta que sí tenemos experiencias que nos hacen erizar la piel o nos levantan de punta de pie. Solo es cuestión de poner atención:

-Experimentar desde el corazón. “Donde está nuestro tesoro allí estará nuestro corazón”: Mateo 6:21 (Biblia). No ponemos el corazón solo cuando hacemos cosas diferentes o extraordinarias, como pasear en canopi, También las de rutina, como vestir a los niños o preparar el desayuno al esposo. Esos actos son realizados por nuestras manos y nuestra mente intelectual y mecánica. Pero el corazón también debe estar ahí. Aquella parte del ser con la que sentimos y nos emocionamos. ¡Que emoción formar niños para elevar la sociedad! Posible estemos cepillándole los dientes a un futuro presidente de la nación. ¡Sería genial!

-Hay emoción y asombro bajo la superficie. Hay realidades emocionales y espirituales profundas. Al mirar el sol (claro que no directamente), la luna y las estrellas, lo que realmente vemos es acuerdo, armonía, intensidad. Y si observamos un árbol con cientos de jugosas naranjas: salió de una sola semilla. No es algo que se logró al azar. Alguien lo planificó y lo hizo. Eso nos debe inspirar y sacarnos de la pesadez de nuestra vida diaria monótona.

-Perspectiva correcta. Cuando estamos en un estado de fascinación y deslumbramiento nos libramos de preocuparnos por las pequeñeces. ¡Qué importa si se derramó la leche o el niño rompió el florero! La vida está desfilando con sus arcoíris y la inmensidad del universo que Dios nos entregó ¡Esto es asombroso! Cuán distraídos y enojados vivimos. Con la perspectiva correcta diremos: “Olvidemos este asunto. Ya compraremos otro florero”. Emocionémonos con tu realidad. Y si esa realidad no nos gusta, cambiémosla, corrijámosla. Porque si sólo nos emocionamos con las series televisivas, películas y novelas, algo no está bien.

-No dar por sentado las cosas. Ni a las personas. Observemos a nuestros seres queridos. A nuestros hijos. Contemplémoslos. Hay un milagro en ellos. Hay muchos milagros y un potencial enorme en ellos. Emociónate con ellos como te emocionarías con la salida del sol o un gran bosque de guayacanes. O con la nueva cartera de Luis V***. Emociónalos. Preguntémosles que es lo que más les asombra de la vida, de la naturaleza, de su estudio, de la tecnología.

-Ir a la fuente (constantemente) de la fascinación y admiración por la vida. Es lo más importante. La auténtica razón por la que nos emociona un arcoíris, una flor, nuestra familia, y hasta el sistema de embrague del auto (es tan complejo) es porque son el resplandor de la fuerza y eternidad de Dios. ¡Es tan impresionante la participación de Dios en nuestra vida! Está atento a nosotros. Es un Dios personal que se comunica con nosotros a través de su creación llena de belleza y asombro, aunque halla lugares y naciones donde han elegido lo feo y destructivo. El debe ser nuestro mayor y más asombrosa emoción.

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Ana Elena Santanach es conferencista.

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