La edad en tiempos del Big Data

La Asociación Americana de Personas Retiradas (AARP por sus siglas en inglés) reunía en 2016 más de 37 millones de personas. Esta asociación, que es líder en Estados Unidos, es famosa entre otras cosas por enviarle al domicilio de las personas su credencial de afiliados el mismo mes en que un norteamericano o norteamericana cumple 50 años de edad… No se asuste: usted seguramente se estará preguntado si con 50 años uno ya es considerado un retirado o jubilado. La respuesta es “no”: no se es un retirado pero sí se es un “Senior” para los norteamericanos y otras partes del mundo, un grupo que hoy en ese país supera los 100 millones de personas.

Por fuera de los números, términos como geronte, ancianos, senescentes, tercera edad y muchos otros hacen a una lista que cada vez refleja menos la realidad de la nueva longevidad que vivimos y viviremos quienes son o seremos mayores.

El Dr. Francisco Mendoza, que es antropólogo del Instituto Nacional de Geriatría de México, tiene un listado que ya supera en más de cien las formas que se utilizan en su país para referirse los mayores. Todos ellos tienen un anclaje en valores culturales y sociales y no dejan de ser una construcción, pero la “edad” como indicador suele funcionar como un ordenador la mayoría de las veces para las personas, sean mayores o no.

Pero, volviendo a los Estados Unidos, la generación de los “baby boomers” –aquellas personas que nacieron entre 1946 y 1964- un grupo de más de 76 millones de personas, son quienes lideran un consumo doméstico de 230 billones de dólares en café, revistas, servicios y telefonía celular entre otros, haciendo de ello el 70% del consumo económico de esa nación; un gasto que por otro lado se calcula que alcance los 13 trillones de dólares en los próximos 20 años.

Dentro de toda esta actividad, y no solo en los Estados Unidos, las personas mayores están presentes en el día a día y en eso va el uso que ellos hacen de las redes sociales.

Sin embargo, la brecha digital más importante sigue siendo la edad, algo que, por otro lado, será un fenómeno que irá extinguiéndose conforme las generaciones más jóvenes vivirán el devenir del tiempo como nativos digitales.

Todas las actividades que hacemos online dejan huella, la llamada “huella digital”, que no son más que datos de comportamiento humano. Un comportamiento que es de cada uno de nosotros pero que también permite caracterizar grupos de población.

Imagine usted poder tener una imagen, un rastro y un registro de hábitos y conductas de un grupo de consumo, como podrían ser las personas mayores, el grupo de mayor crecimiento demográfico proyectado para las próximas tres décadas.

El Banco BBVA ya lo está haciendo a través de un proyecto que llamó Urban Discovery y que, sin focalizar en este grupo etario específicamente, lo hizo tomando como base más de 413 millones de transacciones realizadas con tarjetas de crédito en Madrid, Barcelona y ciudad de México, lo que, en los gráficos, además de una reconfiguración de los mapas tales como los conocemos, permitió georreferenciar patrones y tipo de consumo, horarios, nodos de actividad y seguramente muchas otras variables más que no fueron dadas a conocer.

El mundo está lleno de sistemas que guardan registro de nuestras actividades y comportamiento. Una persona puede estar conectada a más de un aparato o plataforma, lo que multiplica la capacidad de actividades pero también de registros que conforman nuestra huella digital. Almacenar y tratar esa información es el nuevo cambio.

Vivimos un tiempo de nueva longevidad con una nueva lógica, entre ella la lógica del Big Data, donde la edad es una variable más de nuestro comportamiento y acción. Uno de los desafíos de la sociedad del futuro parecería ser aprovechar esos datos para mejorar el mundo, especialmente el de las personas mayores, donde la edad en tiempos del big data es lo menos importante.

 

Fuente: buenavibra.es

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