La confusión

Por : Carlos Piña Grau

El mundo es dinámico y nos presenta día a día innumerables situaciones que no siempre estamos en capacidad de asumir o asimilar de forma inmediata, ya sea por la velocidad de las mismas, o por falta de suficiente información útil para entenderlas, o por carecer de herramientas que nos permitan permanecer estables ante el caos y la confusión.

Por no saber exactamente lo que queremos, porque estamos sujetos a nuestras historias contaminadas con sus frustraciones y apegos, tomamos decisiones inadecuadas y cometemos errores.

Esas confusiones se hacen evidentes en variadas situaciones, por ejemplo, cuando no sabemos qué estudiar, y escogemos la carrera por conveniencia o por tradición familiar y después nos damos cuenta que no era eso lo que queríamos.

Otro espacio ya más íntimo e importante en la toma de decisiones es la elección de pareja para el matrimonio; lo hacemos fundamentados en lo que creemos correcto y adecuado a nuestra persona y el error surge con el paso del tiempo y sus consecuencias involucran terceras personas.

Muchas manifestaciones se hacen presentes en el cuadro de confusión; estas van desde la frustración, depresión, la poca libertad para movernos con la consecuente soledad, aislamiento y un cúmulo de errores.

Es importante aclarar las cosas para disminuir la confusión, pero no desde un punto de vista racional, ni analítico porque a veces estamos tan preocupados y sumidos en nuestro que hacer y tan contaminados en nuestra mente, que lo que pensamos a veces no es lo cierto ni conveniente, ni lo más sano para nosotros.

Cuando digo aclarar, me refiero a estar más en contacto contigo, conocerte realmente y saber quién eres y qué quieres para ti; al conocerte puedes armonizarte interiormente, ser coherente, congruente y por lo tanto equilibrado, y donde hay equilibrio no hay confusión.

Se habla mucho de la importancia de conocerse a sí mismo y a veces se hace difícil porque queremos conocernos a través de lo que manejamos, lo que sabemos o lo que tenemos en nuestra mente, y no tenemos el coraje o la apertura de escuchar realmente la voz del corazón que indica el camino a seguir.

Hay que entender que las confusiones son desórdenes, situaciones no resueltas, dudas presentes en nuestras encrucijadas, y tememos tomar la decisión correcta o decidimos por impulso, por emociones, por conexiones con esas emociones que nos hacen actuar de manera inconsistente, y nos hacen repetir errores. ¿Qué hacer entonces?

Para poder disminuir la confusión lo primero es asumirlo y querer cambiar. Luego entender que “la confusión es el opuesto al acto de vivir” y que la vida nos impele a movernos en el mundo y sus relaciones.

Cuando reconocemos que estamos viviendo en el lado opuesto y que participamos de la confusión y el desamparo con que ella nos invade, en ese punto emerge la humildad, que es el requisito previo de todo aprendizaje y sustituye al orgullo y la desesperanza.

Aclararte tiene un camino bien definido que tiene que ver con enfrentar tus temores y no dejarte manipular, tanto por fuera como por dentro. Te recuerdo que a veces no hay nadie físicamente afuera, pero sí está presente a través de tu mente, y de alguna manera te indica instrucciones, mandatos y, sin darte cuenta, lo crees y actúas en consecuencia.

La invitación es a despertar, a conocerte, aceptarte y quererte tal cual eres, sin estar dando explicaciones, ni justificaciones de situaciones que de alguna manera te hacen alejarte de tu esencia. Cuando estás en contacto con tu esencia no hay contaminación histórica ni proyecciones erróneas a futuro.

Comienzas a vivir y disfrutar el estar vivo, te hace ser diferente de lo que has sido y te vas a dar cuenta de que tu capacidad de tomar decisiones va a ser mucho más clara, precisa, y te va a permitir encontrar un mejor mañana, de una manera muy sencilla y práctica.

Cuando encuentres el camino sigue hacia adelante, y verás que esas confusiones que tuviste ya no están ni te van a llevar fuera de tu ruta ideal y de tu destino.

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Email:  carlospinagrau@gmail.com

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