La búsqueda de la paz

Por: Ana Elena Santanach

Es fácil sentirse inquieto por los conflictos que acontecen en el panorama mundial. Incidentes repetidos de violencia y confrontación extrema, de un lado y del otro, atentando contra la seguridad y el bienestar. En medio de todo esto, ¿cómo podemos mantener vivas la esperanza y sobre todo la paz?

No debemos renunciar nunca a la paz ni a nuestro derecho a ella.

Esmerémonos, entonces, por la paz personal, familiar y en general en nuestras relaciones, en tanto dependa de nosotros, como nos lo aconseja el pasaje bíblico de Hebreos 12:14 “Busquen la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá a Dios”. No es que sea una tarea fácil, pero siempre dependerá de nosotros el “pelear” para obtenerla. Hay algunas afirmaciones que nos pueden ayudar:

-Asumiré mi parte. Yo soy responsable de obtener, mantener y generar paz. Si para lograrlo tengo buscar ayuda en terceros, asistir a instrucciones formales o renunciar a ciertos derechos, lo haré. “Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” Mateo 5:9 (Biblia).

-Trataré de entender la posición, situación o condición de la otra persona. La paz es un dúo, no un solo. Las personas quieren sentir que su punto de vista es importante, aunque no sea el correcto. Se quieren sentir aceptadas, no enemistadas. Comprendidas, no en discordia. Y nosotros también.

-Trataré a los demás y a mí mismo con respeto y sensibilidad. Implica ser cuidadoso sobre todo al hablar. Cuando no nos comunicamos o tratamos con respecto, en el ámbito que sea, estamos subordinados a la pelea. “El que quiere ver días buenos, refrene su lengua del mal y sus labios no hablen engaños…busque la paz, y sígala” 1 Pedro 3:10-11 (Biblia).

-Valorar a las personas, aún las difíciles, quizá sean las que más me ayuden a crecer o madurar en carácter. Hay gente con la que entrenaremos en paciencia (nos hacen esperar), en generosidad (siempre nos están pidiéndonos cosas).

-Salgamos YA de situaciones belicosas. Desengancharnos de relaciones que crean dolor y resentimiento, o donde se lastiman unos a otros. Convirtámonos en pacifistas de nuestras propias vidas.

Repito: no renunciemos nunca a la paz. Entre más las calles de las ciudades ardan, entre más las personas se enfrenten, más paz provoquemos.

Acerquémonos a alguien con bondad. Hagamos la diferencia en la vida de la gente. Hagamos oraciones a Dios por nuestra paz y la del mundo, y que la guerra no sea el recurso o que sea el último.

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Ana Elena Santanach

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