La alegría del amor

Por: Ana Elena Santanach

¡Qué potencial tiene el mes de febrero! Lo veo como un mes de inspiración, de compartir, de citas, de encuentros, de reafirmar los sentimientos. Un mes de cajas de chocolates y ramos de flores, de dibujar corazones. De descubrir y redescubrir el amor.

El amor es un sentir o una emoción que nos conecta directamente a la acción. Es un verbo, una elección. Debemos expresarlo aún en las cosas más pequeñas para hacerlo real, tangible y significativo. El amor se acciona. Se actúa. Se cultiva. Se ejerce. Las declaraciones de amor que no son confirmadas o demostradas con los actos son como una guitarra sin cuerdas.
Si se sufre por amor, pareciera que él nos hace sufrir, o que nos rompe. Pero no, el amor no rompe. Rompe el egoísmo, el rechazo, el engaño. El amor nos preserva. Nos completa. El amor custodia nuestra dignidad, la protege contra la noción social de que “si me gustas y te gusto es suficiente”.

Tengo un manual para guiar mi vida, la Biblia, y cada vez que ahí aparece la palabra amor es parte de un mandamiento. Porque el verdadero amor es un mandato, es un compromiso total. El amor está formado por elementos que lo definen por sí mismo y le permiten expresarse. Quizá el desconocimiento de éstas facetas del amor es lo que provoca que nos equivoquemos a la hora de dar y demandar amor. Una excelente guía para saber amar nos la da la primera carta a los corintios en el capítulo trece (I Corintios 13). No hay ninguna otra definición del amor que supere la de ésta carta bíblica. Pongámosle atención:

El amor es paciente y bondadoso.

El amor no es celoso, ni fanfarrón ni orgulloso ni ofensivo.

El amor no exige que las cosas se hagan sólo a su manera.

El amor no se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas.

El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe.

El amor siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia.

¡El amor durará para siempre! ¡El amor nunca deja de ser!
Para poder experimentar el poder y la alegría del amor, descrito antes, debemos conectarnos con la fuente real de ese amor: Dios. Todo intento de poseer esa clase de amor implica ir más allá de nosotros mismos. Es ir a Dios. Por eso, cuando queremos tratar con el amor, debemos ir a Él. Y lo más básico que podemos decir sobre el tema es que “Dios es amor”, y es la de la forma de describir el carácter relevante, preeminente, trascendental y significativo del amor. Al cual cualquier ser humano tiene acceso. Y no tiene que ganárselo, sólo tiene que aceptarlo libremente y disfrutarlo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su único hijo para que todo aquel que en el crea no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16 Biblia). Solo así podrá disfrutar el amor con y por los demás.

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Ana Elena Santanach es Conferencista

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