Hermosa, al máximo

Por: Ana Elena Santanach

Si juzgamos por las portadas de las revistas, por los anuncios de televisión y por cada selfi o foto en las redes sociales, pareciera que no hay mayor inspiración en las mujeres que vernos hermosas. (También yo quisiera un contrato con Vogue). Está bien ese sentir. Es legítimo. Es femenino. No lo perdamos. Entonces, ¿cuál es el problema? En nuestra identidad y nuestro valor. Está bien esmerarnos en que la caja, el lazo y el papel de un regalo estén perfectos, pero lo que realmente importa es lo que está adentro.
Esto ha provocado que la batalla con la apariencia es actualmente la batalla de cada mujer adulta, adolescente y hasta de algunas niñas. La presión está ahí. Al punto que nosotras mismas nos podemos sentir “descalificadas” y puestas en la banca. Fuera del juego. Comencemos con retomar la gran verdad milenaria: el valor de la mujer viene de haber sido creada a la imagen de Dios y el haber sido incluida con todos los derechos en la paternidad de Dios, el Rey: Y el “honor de las hijas del Rey está en su interior” (Salmo 45:13). Sigamos con:

-Aclara y define tus valores. No menosprecies la bondad, la honestidad y el recato. La ética y la estética combinan perfectamente. La moral no se define por libras y calorías, sino por la verdad. Dios es la verdad y tú te pareces a Él.

-Sé amable y respetuosa siempre, o inténtalo. El maquillaje se corre cuando somos maleducadas e insolentes. No pases esa pena. Deléitate en recordar al final del día cada ocasión en que has sido cortés y gentil con los demás. Dormirás bien.

-Controla tus emociones: el tono de tu voz, tus expresiones. Ríe más. Ríe siempre. Ríete de ti misma (Ojo. Sin menosprecio). No grites. A menos que haya un incendio. ¡Fuego!

-Filtra tus palabras. El sarcasmo, la burla y la ira arrugan la piel, sobre todo la de la cara.

-Háblate bonito. Le dirías a una amiga que es fea e insignificante. NO. Pues, tampoco te lo digas a ti. Además, valórate. No eres una alfombra. Sal de debajo de los pies de alguien. Eres un delicado tapiz que se engalana con adornos y flores.

-Apártate de la gente negativa, con vicios, con malos hábitos, si no, no podrás luchar contra los tuyos. Tu vida y tu salud son valiosas.
-Pide perdón. A alguien has ofendido y herido. Perdona. Alguien te ha ofendido. Y perdónate.

-Cuida tu cuerpo. Es el correcto. Es un regalo de Dios. Es el hogar del alma. Cuando Dios lo hizo expresó “Es muy bueno”. Así cuando te miras al espejo dirás: “Veo lo que Dios ha creado, es bueno”.

-Rodéate de mujeres sabias, recomendadas. Reúnete con ellas. Atiende a sus consejos. Intégrate a un grupo de estudio bíblico, de consejería para mujeres, para chicas, madres solteras, viudas, empresarias. Nutre el espíritu con buenas compañías.

-Cuando quieras llorar, llora. Pero después apártate, escapa a tu rincón especial y ora a Dios. Él escucha y responde. Saldrás verdaderamente embellecida, si lo deseas. “Engañosa es la belleza; el encanto una ilusión. La mujer que teme a Dios será halagada” (Proverbio bíblico 31:30).

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Ana Elena Santanach es Conferencista

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