Hemos despertado

Por: Ana Elena Santanach

Llegó el momento de hacer reflexiones. Reflexiones verdaderas, profundas, con sentido. No de esas de buscar culpables hasta debajo de las piedras. O de las que analiza todo bajo la lupa de “conspiración”. Sino las reflexiones personales. Las que se “aparecen” en nuestra mente (o en el corazón) cuando nos sentimos sin escalón bajo el pie, sin soga a la cual asirnos, sin tabla a la que aferrarnos. La que pone ciertamente nuestra vida en perspectiva:

¿Qué tenemos, que cosas realmente nos pertenecen? Las riquezas se esfuman. La salud está altamente amenazada. Los afectos y relaciones están siendo probados. La libertad y el derecho de decidir entrar y salir ha tenido que ser delegado. A todos estos elementos valiosos de nuestra vida, que nos han sido dados con un propósito, nos estamos afianzando porque los estábamos perdiendo. Nos habíamos descuidado. Nos habíamos dormido. Pero, hemos despertado. Nos han despertado.

Acomodar la vida para estar satisfecho con lo que tenemos. Ajustar el salario, el tiempo, los bienes. Y aunque se hayan reducido, lo disfrutaremos.

Añadir los valores y principios de vida que no teníamos. Cualquier tipo de mal surge de vivir en desorden. Pero vivir con reglas acarrea beneficios.
Establecer prioridades. Quiénes son lo más importante en nuestra vida. Quizá hemos descuidado la familia. Estamos en una gran oportunidad de recuperarla.

Interesarnos por los demás. Estamos tan interconectados, pero sin “conexión” real. Busquemos un plano común con la familia, con el vecino, con los pobres, con los necesitados y trabajemos juntos por el beneficio mutuo. No pensemos solo en nuestro bienestar.

Volver a una relación con Dios. Y si es el caso, retomarla donde la dejamos. Siempre podemos retornar. Dios está cerca en todo tipo de crisis. Salva y defiende.

Somos capaces de confrontar, perseverar y salir con ganancias ante el reto de cualquier desafío o amenaza que hoy esté sobre nosotros, pero sólo con la ayuda y la intervención de Dios porque toda situación amenazante personal, social y global trae con ella un profundo mensaje divino al que hay que despertar:” Voy a escuchar lo que dice el Señor; el promete paz a sus fieles, siempre y cuando no se vuelvan a la necedad. Muy cercano está para salvar a los que le temen, para establecer su gloria en nuestra tierra” Salmo 85:8-9 (Biblia).

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Ana Elena Santanach
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