Hacer el bien es más fácil

Por: Ana Elena Santanach

En verdad creo que la mayoría de las personas pueden hacer mucho más de lo que hacen para ser felices y hacer felices a los demás. Y más allá de la responsabilidad básica de atender la familia, cumplir con el trabajo y ayudar al indigente, Dios nos ha dado el potencial y el terreno de acción para marcar significativa y positivamente el corazón y la vida de los que, ocasional o permanentemente, están a nuestro lado. Podemos caminar por la vida pensando que somos buenas personas, pero si no nos involucramos no hemos llegado todavía.

Qué maravilloso cuando somos portadores de palabras y acciones que transforman el dolor en alivio y paz; la tristeza en regocijo y ánimo; el hambre en placer y salud; la angustia en esperanza y fe. No solo se trata de atender problemas mundiales o globales con millonarios proyectos (también se necesitan) o brillantes fundaciones. No es sólo ayudar a la gente económicamente (aunque el dinero siempre hace falta), es también hacerlos sentir bien. No es difícil. Realmente es muy fácil. Solo es cuestión de voluntad. Salmo 89:3 “El mundo es edificado con bondad”

Evitemos avergonzar a los demás

Toda experiencia de vergüenza es una experiencia de dolor, a veces irreparable (aunque sea un aparente inofensivo meme). Alguien dijo que la humillación pública se ha convertido en un pasatiempo social. Al interesarnos por los demás lo que debemos hacer es proteger sus sentimientos e intimidad. Bien lo expresó el Rey David en el Salmo 14: 6 “Del desvalido se han burlado, pero Dios es su esperanza”.

Intervenir en sus necesidades

Se le llama amor al prójimo. No debemos esperar a que nuestro amigo o familiar venga a nosotros y nos pida ayuda. Mejor sería tomar iniciativa y averiguar cómo los puede ayudar, que necesidades no expresadas tienen, tanto material como espiritualmente. A veces solo será una palabra de ánimo, una corrección o consejo a tiempo; una visita al hospital o unas monedas para el autobús.

Brindarles compañía

La soledad se presenta de muchas formas y no hay solución de “medida” única. Vemos solteros, viudos, divorciados, adolescentes, niños, ancianos y hasta casados, pero se sienten solos. No podemos acompañar a todos, pero a algunos sí. Muchos tienen miedo de su soledad. Con sensibilidad y cautela podemos lograr un espacio y un tiempo para alguien y darle el mensaje de “me importas”. Eclesiastés 4:9 (Biblia): “Más valen dos que uno, …porque si uno cae el otro le levantará”.

Expresarles gratitud

No solamente dar gracias cuando nos ceden el paso, nos abren la puerta para pasar o nos acomodan los víveres y artículos en la bolsa. Esto muchas veces es protocolar o por educación. Se trata de los actos intencionados de agradecimiento, que nos impulsa a escribir esas líneas a papá o a mamá por todo su amor y sacrificio; a un buen jefe que nos dio la oportunidad de crecer en la empresa; o un regalo de agradecimiento a la vecina que siempre nos custodia la casa cuando estamos de viaje. No alcanza con sentirlo o pensarlo, hay que mostrarlo.

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Ana Elena Santanach es conferencista.

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