Gente difícil: nos necesitan

Por: Ana Elena Santanach

Veo que en el mundo hay mucha gente bondadosa, desinteresada y altruista. Gente fina, que reaccionan correctamente, que tienen paciencia, que son solidarias y que están dispuesta a demostrar su amor hasta el sacrificio. Es fácil relacionarse con ellas, tenerlas cerca es un verdadero deleite. Aportan positivamente a nuestra vida. Pero la pregunta del millón es: ¿qué hacemos con las personas difíciles? Son un verdadero reto. Porque también las tenemos cerca cada día. Familiares, amistades, vecinos, compañeros, jefes, vendedores, conductores, líderes. Son enojadizos, críticos, quejumbrosos, egoístas, escandalosos, demandantes. Algunos le llaman tóxicas, otros, intensas y los demás difíciles. Podríamos incluirnos en esa lista, porque todos somos difíciles a nuestro modo.

Lo ideal sería poner distancia o levantar barreras de seguridad. O mejor aún, trasladarnos a escenarios humanos más confortables y menos conflictivos, pero dónde quedaría el propósito divino de perfeccionarnos a nosotros mismos, y al mundo a través de “limarnos” unos con otros hasta alisar las asperezas y superar los aspectos difíciles de la personalidad, según la expresión bíblica del proverbio 27:17 “Hierro con hierro se afila, y las personas en contacto con las personas”. Podemos ser el instrumento para ayudarles a mejorar y a la vez mejorar nosotros. Iniciemos con aquellos que tenemos más cerca, con los que nos desenvolvemos día a día. Vale la pena.

Ponerles atención

A veces esos actos demandantes de las personas no son más que una manera de llamar la atención, de decir ¡Estoy aquí! ¡Mírenme! ¡Existo! Quién no quiere reflectores en estos tiempos del selfie . Si las escuchamos y les damos un poco de importancia aliviaran su tono y sus reacciones.

Aplicar la comprensión

Los problemas y los constantes desafíos de la vida de la gente los hace que se quejen, rezonguen y se vuelvan impacientes y estresantes. Muchos están tan tomados en el dolor que se vuelven duros y rudos. Lo que anhelan es compasión, alivio y un poco de compresión de nuestra parte. Pueden estar pasando por problemas que reclamen nuestra ayuda. Como expresa sabiamente Gálata 6:2 (Biblia) “Ayuden a llevar las cargas los unos a los otros, y cumplan así la ley de Dios”. Es muy cierta la frase que expresa que cada uno está librando batallas que nadie más conoce.

Reforzar las semejanzas

e No es cooperar con ellos en sus ofensas ni que sus reacciones te controlen o controlen el ambiente, si no en obviarlas y resaltar las similitudes.

Distancia prudente

Disminuir el efecto de los comportamientos de la gente requiere alejarnos de ellos. No es tan fácil porque en ocasiones son personas muy especiales para nosotros. Dar pasos hacia atrás nos protege de conflictos. Las discusiones virales en Facebook, por ejemplo, con personas que no conocemos ni las vamos a conocer.

En definitiva, cualquier paso o acto que promueva la paz y la buena convivencia merece la pena intentarlo. A veces esas personas difíciles solo están esperando por oportunidades para volverse “fáciles”. Mientras, agradezcamos a Dios por toda la bondad que hay en nuestra vida. Eso nos preservará de volvernos nosotros personas difíciles.

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Ana Elena Santanach es conferencista.
Facebook. Ana Sanatanach

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