Evaluar antes de hablar

Por: Lorena Castro Jaén

En días recientes, @mundoenpositivo publicó en las redes sociales una frase del reconocido jugador de baloncesto Kobe Bryant quien luego de una exitosa vida deportiva, falleció en un accidente de helicóptero con solo 41 años. La frase a la que se hace referencia es una invitación a reflexionar en cuanto al impacto que podemos significar en la vida de otros al inspirarles en la consolidación de sus propios sueños. Según lo afirma Bryant:

“Lo más importante es tratar de inspirar a las personas para que puedan ser grandes en lo que quieran hacer”

Probablemente, en el caso del mencionado deportista, su padre jugó un papel importante en el éxito de su carrera ya que también fue jugador de la NBA. Sin duda, las personas que figuran como referentes en nuestras vidas, participan para bien o para mal, en esa construcción que hacemos de nosotros mismos. Un autoconcepto que se nutre de palabras alentadoras o desmotivantes que van tallando nuestra propia percepción haciendo que trabajemos por lo que soñamos o desistamos en el camino.

De lo anterior, el poder de la palabra tiene tal efecto en las personas, que bien vale la pena filtrar el mensaje que conlleva antes de pronunciarlas. Se trata de un simple acto de responsabilidad en el que cabe preguntarse si aquello que se va a decir, agrega valor o resta. Cabe destacar que el impacto de lo que decimos tendrá mayores consecuencias en niños y jóvenes que aún están en un proceso de construir su propia identidad y en personas que, por sus características particulares, sean más vulnerables a las apreciaciones que otros puedan emitir.

El reconocimiento del otro como persona única

Los juicios de valor con los que sentenciamos a otros, con frecuencia provienen de nuestras propias carencias. Apreciaciones inmediatas que nos llevan a catalogar y a juzgar aun desconociendo a la persona que etiquetamos. Un comportamiento que tiene hondas raíces en nuestra propia historia personal y que nos puede entrampar en relaciones poco sanas. En tal sentido, la frase a la que hacemos referencia, supone que para poder sumar en la vida de los que nos rodean, es necesario reconocerlos como personas únicas con sus sueños, su historia de vida, sus fortalezas y sus limitaciones.

Finalmente, vale la pena preguntarse cómo queremos ser recordados por los mensajes que hemos llevado a los demás. Esta interrogante, cabe en todos los espacios en los que hacemos vida: pareja, familia, trabajo, comunidad. Sumar debe ser el resultado de una vida consiente de nosotros mismos y de los que nos rodean.

¡Hasta un próximo encuentro!

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Lorena Castro Jaén es facilitadora y consultora en el área de recursos humanos y gerencia.

Twitter e Instagram: @gerenciaenpositivo

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