¿En verdad, somos guerreras?

Por: Verónika Zanoni

Acabamos de celebrar el Día Internacional de la Mujer, fecha de reconocimiento histórico a las luchas sostenidas durante más de siglo y medio, por las reivindicaciones laborales, económicas, políticas y sociales de las mujeres.

Lindos mensajes de felicitaciones inundaron las redes sociales y en muchos de ellos, como adjetivo el ser “guerreras”; término que se ha hecho del lenguaje común al atribuirle un significado positivo como atributo de las mujeres que conquistamos nuevos espacios, que somos independientes, que sabemos lo que queremos y trabajamos en conseguirlo, que recogemos lo que nuestras antecesoras sembraron; más… ¿nos hace eso ser guerreras?
Según la Real Academia de la Lengua Española, GUERRERO/A se define como:

1. adj. Perteneciente o relativo a la guerra.
2. adj. Que guerrea. Apl. a pers., u. t. c. s.
3. adj. Que tiene genio marcial y es inclinado a la guerra.
4. adj. coloq. Dicho especialmente de un niño: Travieso, que incomoda y molesta a los demás.
5. m. soldado (‖ hombre que sirve en la milicia).
6. f. Chaqueta ajustada y abrochada desde el cuello, que forma parte de ciertos uniformes del Ejército.

¿Qué tiene que ver lo relativo a la guerra como: matar, aniquilar, destruir, doblegar… con nosotras las mujeres que damos vida y dedicamos la nuestra a precisamente lo contrario: gestar, cuidar, amar, nutrir, preservar, embellecer…?

Las mujeres sea que hayamos dado vida o no, sostenemos familias, apoyamos amigos, creamos empresas, trabajamos y emprendemos, educamos hijos o sobrinos, somos pilares morales, promovemos valores cívicos, creamos mejores realidades desde la paz y el amor.

Cuidemos el lenguaje, pues es el mayor creador de realidades. No somos guerreras, somos pacifistas, sanadoras, creadoras, reparadoras, amorosas dadoras de vida y sustento.

Si tuviéramos más poder en el mundo, si estuviésemos al frente de más gobiernos, corporaciones, estamentos militares, medios de comunicación, organismos internacionales; de seguro tendríamos más paz y el planeta sería más humanos, pues nuestra propia naturaleza corresponde a la creación y preservación de la vida.

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