En busca de esperanza

Por: Ana Elena Santanach

¿Cuántas veces rechazamos o ignoramos el sufrimiento de otro con la idea: “eso nunca me pasará”, “eso nunca pasará en mi familia”, o “eso jamás pasará en mi país”, sin considerar que cada evento global, sobre todo si es negativo, puede dejar de ser global o regional, para convertirse en algo personal? ¿Cómo se vuelve personal el movimiento masivo e indetenible de grupos humanos que buscan desesperadamente mejores condiciones de vida, que quieren vivir en “la tierra de las oportunidades”? Por “sencillas” razones:

-Son madres, padres, hijos, familia, como todos nosotros. Expulsados o forzados a dejar su tierra. Buscan, como todos, una esperanza. No miden si hay que ir en balsa, en camiones o a pie. A través de desiertos, de ríos peligrosos, de bandoleros. Correrán todos los riesgos. Esa familia sólo mirará hacia adelante. Se desarraigan de su propia tierra, de sus afectos, de sus parientes, a quienes no saben si volverán a ver, con la ilusión de algo mejor. Comenzaran desde cero. Hay un significativo mandato de parte de Dios en Las Escrituras: Deuteronomio 10:19a ”Muestren, pues amor al extranjero…”.

-Por alcanzar los sueños. Todos son personas que sueñan, lo mismo que nosotros. Se imaginan siendo estrellas del futbol, siendo comerciantes, profesionales. No salen de su país por antojo o por aventura. Lo hacen por un verdadero futuro. Y muchos, para salvar sus vidas, literalmente. No salen, escapan. No habrá obstáculo para lograr una vida realizada y digna. Deuteronomio 10:18b “…Dénle al extranjero comida y vestido”.

-Darle un sentido a la existencia. O recuperar el que en algún momento tenían y que les fue arrebatado por un gobierno corrupto o una sociedad indiferente y aunque tienen que lidiar con el temor, la lucha diaria, la soledad y el rechazo, salir es un escape, es una oportunidad, sobre todo para los jóvenes que quieren ser útiles y vivir con propósito. Salmo 146:9 “El Señor protege al extranjero, al huérfano y a la viuda”.

-También se vuelve personal porque podríamos ser cualquiera de nosotros.
Reconocer que estas situaciones pueden tener un sesgo personal y no solo una agenda internacional, nos debe ayudar a ser especialmente sensibles, sobre todo con los que nos rodean. ¡En todo lugar hay extranjeros luchadores y esforzados que sólo necesitan una oportunidad! Y como en todas las naciones, hay personas con una moral más baja que otras, pero si su intención primaria es delinquir se hubieran quedado en sus países.

Cuando veas un extranjero en tu comunidad, en tu escuela, en tu país, échale una mano, con sabiduría y prudencias. También se vuelve personal cuando descubrimos que las cosas verdaderamente importantes de la vida no tienen color, edad, estatus económico ni fronteras. No seamos demasiado críticos con ellos. Están tratando de encajar en un molde nuevo. El bien que hagamos se nos retribuirá. Seamos acogedores. No sea que nos tengan que devolver el favor (Dios no lo quiera).

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Ana Elena Santanach es Conferencista
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