El valor de mis determinaciones

Por: Ana Elena Santanach

Este año comienzo. Este mes comienzo. Este lunes comienzo. Ya lo hemos dicho y oído antes. No es tan difícil decidir empezar algo: una dieta, un estudio, una relación o un cambio. Pero la sola intención para lograr algo, alcanzar sueños o modificar conductas no es suficiente. El solo pensamiento no basta. El deseo momentáneo no conduce a nada realmente, aunque se necesita esa primera chispa. Pero podríamos estar en una pausa por demasiado tiempo para hacer las reestructuraciones que necesitan nuestra vida personal, familiar o nuestras finanzas; y creer ingenuamente que moviendo la nariz o chasqueando los dedos van a desaparecer esos “rollitos” (si es que deseamos bajar de peso), va a materializarse ese diploma (si es que deseamos una carrera) u ocurrir un apagón para “no dar el click en esa X (o XXX) página de internet”. Eso no ocurrirá. ¡Hay que ir por ello! ¡Hay que provocarlo! ¡Hay que determinarse alcanzarlo! Así como Job, el personaje bíblico (Job 22: 27): “…Te determinarás así mismo una cosa y te será firme”. Determinación es la clave. ¿Cómo?:

¿Si no es en éste día, cuándo?

Vivimos con la ilusoria idea que siempre tendremos la oportunidad de hacer tal o cual cosa. Que va a presentarse un instante mágico y estaremos en la línea de partida, automáticamente. Y no darnos cuenta que nos estamos hundiendo más y más hasta que tocamos fondo con esa situación que debimos atender hace mucho. Para qué esperar ver las maletas en el umbral de la puerta. Mejor es hoy mismo reiniciar el romance, planear la segunda luna de miel y salvar el matrimonio. O, por qué nos expondríamos al dolor de ir a la comisaría por el hijo detenido. Mejor desde hoy mismo restablecer la comunicación amorosa y hacer espacio y tiempo para él. El momento de la determinar acciones es ¡hoy!

Tomar acciones concretas

En vez de decir: “no me enfadaré de ahora en adelante”, sería más específico: en la fila de la caja del supermercado esperaré tranquilo y con paciencia. O, no pasaré por la calle del bar ni me reuniré con mis amigos (amigos fiesteros=tentación segura) durante dos semanas. Tampoco basta con decir: Comeré menos azúcares, mejor es determinarse no comer postres en el almuerzo ni pastas en la cena. Cada área requiere un trabajo concreto. Determinar acciones concretas.

A pasos y no a zancadas

Ir al gimnasio el primer día, ejercitarse una hora y pensar que se van a perder diez libras no es realista. En la mayoría de los propósitos personales, el tomar acciones graduales es necesario para mantener el ánimo. Nadie cambia de la noche a la mañana, (sólo la noche y la mañana). Si durante veinte años nada te ha causado gracia o nadie te ha “arrancado una sonrisa”, comienza con un chistecito. Ese deberá ser el primer paso para convertirte en una persona sonriente. La repetición de pequeñas acciones convertirá lo imposible de hoy, en el posible de mañana, a medida que se vaya ejecutando estas acciones. “Si en lo pequeño somos fieles, Dios nos confiará lo grande y lo mucho” (Mateo 25:23). La acción va cambiando el corazón con determinación.

La actitud sí importa

Lo que quiere decir que debemos desear y también forzar esos logros. Y siempre mantenernos comprometidos con los resultados y no echarnos para atrás. Podríamos tomar la bandera de batalla del Apóstol Pablo y de muchos hoy día, Filipenses 4:13 (Biblia): “Todo lo puedo en Jesucristo que me fortalece”. Por qué claudicar cuando llevamos un trecho difícil superado. Es el caso del hombre que probó ahorrar el dinero que gastaba en cigarrillos y casinos y, cuando sentía flaquear en su determinación, revisaba su cuenta bancaria y se animaba nuevamente. Reforzaba su compromiso y decisión. Son innegociables. No significa cero fallos o ninguna debilidad. Significa estar alerta a las situaciones (o personas) que nos desalientan y quieran nublar la perspectiva. Los sueños y planes no se le comparten a todo el mundo: ¿Para qué estudiar a tu edad? ¿Ese proyecto es muy arriesgado y hay muchos ya? Quédate soltera, los hombres son todos iguales. Tu eres caso perdido. Baches en el camino. Hay que rodearlos o buscar otra ruta.

Tenemos toda una caja de determinaciones personales, como el elevador de un edificio. El botón que se presione decidirá si se sube o se baja, si se avanza o se estanca. Cada determinación a voluntad nos transforma. Nos coloca en una nueva condición y más cerca de lograr nuestro objetivo en el calculado propósito de Dios. Y recuerda, no tenemos que esperar un primero de enero, ni un lunes próximo para “arrancar” con ese plan. Comencemos hoy.

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Ana Elena Santanach es motivadora y conferencista.

e-mail:santanach188hotmail.com

Facebook: Ana Santanach

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