El valor de inspirar valor

Por: Ana Elena Santanach

En todas partes hay inspiración: en el amanecer, en el canto de los pájaros, en la sonrisa de los niños, en el murmullo de la lluvia, en algunas canciones (muy pocas) que suenan en la radio o en el celular. Tendríamos que sólo abrir los ojos y los oídos para obtenerla. Entonces, ¿por qué pareciera que nos falta ese aliento, ese estímulo para arrancar cada día, cada proyecto, cada plan. ¿Y no solo iniciarlo, sino mantenerlo con energías? Creo que inspiración podemos encontrar suficiente, lo que nos hace falta buscar es inspiradores. Gente que se vuelva “la chispa que enciende la mecha”, “la masa crítica antes de la reacción”.

Realmente, no tendríamos que mirar tan lejos para descubrir modelos a seguir en inspiración de crecimiento y carácter. No hay que ir tan lejos, como, por ejemplo, a Hollywood, o las canchas deportivas, o las plataformas de espectáculos, (ni asomarse). Casi cualquiera que conozcamos, bien escogidos, pueden enseñarnos mejores formas de ser. Quizá no están dando discursos inspiradores, moviendo multitudes o firmando autógrafos. Pero siempre están haciendo cosas significativas. Actos inspiradores. Buscando cómo sacar lo mejor de ellos y de los demás. La intensidad de sus acciones hace que nos sea imposible no darnos cuenta que están ahí. Realmente, lo más valioso será no sólo aprovechar su inspiración, su carisma o don para lograr algo en nosotros, sino desear esa gracia que poseen para inspirar a otros. ¿Cómo lo logramos?:

Escuchando la voz y el corazón de los demás

Un buen oído en otra cabeza es una ayuda inigualable. A veces, lo que más anhelan las personas es ser escuchados. Confiar en alguien en un tiempo y lugar compartido. Con cercanía. De esa manera le transmitimos el mensaje inspirador: “Quiero saber en realidad cómo te sientes, y no cómo supongo que te sientes”. Escuchar permite ayudar y muestra cómo hacerlo, porque atiendo desde mi cerebro, pero también desde mi corazón.

Siempre hay algo a alguien que mejorar

Como el bien común es más grande que sus interese y deseos, los inspiradores nos  esfuerzamos. Creamos un punto de esperanza para transmitir posibilidades cuando los problemas sobrepasan a las personas. Le inyectamos a las personas el sentir que pueden ser mejor, y que su vida y circunstancias pueden cambiar para bien. Vemos el problema o el inconveniente, pero también vemos la solución y la compartimos.

Visualizar una causa

Las causas, como la visión, nos movilizan. Nos impide estancarnos. Vemos la razón de fondo de lo que vamos a hacer y actuamos. Detectamos que en una acción puede haber un cambio positivo. Puede ser el temor a subirse a un barco, pero los inspiradores captan que el temor real es al mar. Descubren que hay sentimientos que bloquen y ayudan a redirigirlos.

Inspirar, motivar y ser modelo es una tarea muy especial, pero, a la vez, es un proceso que nos lleva a soñar y a creer en nosotros mismos y en los demás y cuando lo logramos la vida nuestra y la de ellos cambia porque ¡estamos inspirados!

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Ana Elena Santanach es conferencista.

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