El sufrimiento (Segunda parte)

Por: Carlos Piña Grau

En esta entrega voy a referirme a las causas de sufrimiento con el fin de que las puedas identificar y, si ese es el caso, puedas empezar a salir de ese estado.

Causas de sufrimiento hay muchas… ¡hasta sufrir por el sufrimiento ajeno! Hay personas que sufren en privado, y no quieren que los demás lo sepan, para no inspirar lástima ni afectar a sus seres queridos, pero la cara no ayuda.

Sus reacciones son impulsivas, a veces agresivas, haciéndose daño a sí mismas y a las personas que con afecto las quieren ayudar. Asumen el castigo que “deben tener” por lo que hicieron o dejaron de hacer.

Hay sufrimientos tan banales como sufrir por no hacer las cosas bien hechas, porque el equipo favorito pierde, por no lograr convencer a los demás de su verdad y sus puntos de vista.

También se sufre porque los hijos no llaman con más frecuencia, por las críticas de los demás, por insatisfacción, por no lograr lo que se desea, por no ser el primero en algún deporte, por querer algo difícil de lograr en vez de aceptar la realidad: No siempre se obtiene todo lo que se quiere y lo que toca es arroparse  hasta donde llega la cobija.

Hay personas que sufren por su miedo a morir. La soledad que puede generar tristeza e insatisfacción y nos hace tener más pensamientos contaminados que elevan el sufrimiento de una manera muy negativa, generando altos niveles de estrés. Sufrimos cuando no tenemos logros de manera inmediata y la falta de paciencia nos hace sentir mal.

La comparación nos puede hacer infelices porque no aceptamos las diferencias, o sufrimos por nuestras carencias. Es vital entender que los cambios ocurren a nivel interno por convicción, y no por acumular conocimientos a través de lecturas o por escuchar información interesante.

Ante esto podemos escoger vivir el dolor y trascenderlo, o potenciarlo al punto de generar un gran sufrimiento, ya sea por nuestra actitud o por el significado que le asignamos.

No todos tenemos la misma capacidad de sufrimiento, reaccionamos de forma distinta ante un mismo hecho y es muy posible volvernos nada, o por el contrario, madurar y salir fortalecidos.

Todo dependerá de nuestra historia, llena de apegos y patrones, de nuestras fortalezas, de reconocer las limitaciones, de darnos oportunidad de salir airosos de la situación a pesar de los riesgos y pruebas del camino.

También es cierto que una sana dosis de consciencia nos hace ver que el momento del dolor es ése y no otro, y no puede anclarse ni a dolores pasados, ni a inciertos dolores futuros. El duelo se vive en el presente, al reconocerlo, aceptarlo y expresar asertivamente nuestras emociones. Así fortalecemos nuestro ser interior y encontramos la serenidad para superar el mal momento.

En el proceso es muy posible que confrontemos a Dios al preguntarle por qué nos pone esta prueba, y en nuestra impotencia le recriminamos el tener que pasar por ella. Aquí lo sano es entender que si la opción de sufrir o no es nuestra, no debemos culpar a Dios de ello. Debemos aceptar con humildad que estamos sufriendo y hacernos responsables de él.

Obviamente cada sufrimiento es único porque asumimos el dolor y damos forma a nuestro sufrir de una manera personalísima; pero sólo aceptando podemos comprometernos a dejar de sufrir para lograr la transición, la transformación y los cambios para encontrar la verdadera felicidad. Las herramientas se encuentran en tu sabiduría innata y te ayudan a dar las respuestas correctas a las preguntas que surgen en cada instante de tu vida.

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Email:  carlospinagrau@gmail.com

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