El poder bien vale una reflexión

Por: Ana Elena Santanach

Cuando éramos niños, la mayoría estábamos seguros que dentro nuestro existían súper poderes ocultos, secretos, que aflorarían una vez despojados del traje negro y los anteojos, y aparecería el traje azul y rojo con la S sobre fondo amarillo en el pecho, en el caso de los varones. O la chica que se vuelve invisible, o la que se convierte en elástico. Lo que deseábamos era su poder.

En tiempos como los que corren y situaciones como las que se están dando, todo nos insta a hablar sobre el poder. El poder que a gusto o a disgusto cada persona posee y que lo “empuja” a desear ser parte de algo grande. Y hasta el ser humano más desvalido y carente tiene capacidad para ejercer poder. Y ejercerlo bien, desde el “alma valiosa” que cada uno llevamos dentro. Así lo enseña el consejo bíblico de 2 Timoteo 1:7 “…nos ha dado Dios espíritu de poder y no de temor”.

Eso exige que cualquier cuota de poder ponga a prueba nuestros valores y principios. Muchos, demasiados, no han pasado la prueba. Desde que la serpiente le habló a Eva hemos sido testigo de cómo seduce y desvía el poder: ¿Acaso no quieres ser Dios? Por pequeño que sea el grado de poder, si no es sujetado a una entidad mayor, tiende a manipular y abusar. Si no fuera así, no estaríamos presenciando los actos de desprecio a los derechos, necesidades y hasta la vida misma de los demás que se están dando en el mundo entero y cerca nuestro. Y quizá hasta en nuestros trabajos y familias: No se requiere liderar un país para abusar del poder y maltratar.

Viéndolo de esa manera, el mayor poder es que se ejerce sobre uno mismo, el dominio sobre nuestra pasiones y deseos. El control sobre nuestros egoísmos, como nos lo muestra la riqueza del pasaje de Proverbio bíblico 16:32b “Mejor es que domina su espíritu que el que conquista una ciudad”. Somos más poderoso de lo que creemos. Poseemos mucho poder:

-Poder para tomar decisiones. Cada uno decide cómo pensar, hablar, reaccionar o amar. Es en sí una libertad. Es el “libre albedrío” el cual tiene que ver no con gusto o preferencias (como cuando se elige entre chocolate o vainilla), sino con decisiones y posturas morales, y se asume con ello una responsabilidad.

-Poder para inspirar. Asumir el compromiso de ser modelo digno de imitar por los valores que se transmiten. Es un poder que tendrá un impacto en los que nos rodean y en el mundo.

-Poder para tratar con dignidad a los demás. Es el manejo cuidadoso y el respeto para hablar y tratar a los demás. A la gente le gusta estar y hacer negocio con los que les tratan bien. Lógico. ¿Por qué se encierran los chicos en su habitación tanto tiempo?

-Poder para cambiar. Es la parte más práctica del poder. Reconocer que podemos mejorar. Todos tenemos áreas de nuestras vidas donde no lo estamos haciendo bien.

Pero sólo sucederá a partir de la aceptación de nuestras fallas. Más de uno están en este momento aferrados a su terquedad, causando daño a una nación entera.
Hay muchos medios beneficiosos de ejercer poder. Son súper poderes, pero sin disfraces ni máscaras.

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Ana Elena Santanach. Conferencista

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