El país roto (Parte 1)

Por: Hernán Hernández

No lo dejes morir…

(Franco de Vita)

El país está roto, cada vez mas roto.

Hablo del país que es desierto, selva, nieve y volcán, el del teleférico y el salto de agua más altos del mundo. El de las mujeres más bellas y el que alguna vez fuese exportador de novelas y aun hoy sigue exportando peloteros a las grandes ligas.

Hablo de Venezuela, “mi patria querida, la que libertó mi hermano fue Simón Bolívar” como lo coreaba el grupo Un solo pueblo, la Venezuela de la raza mixta, con una bandera tricolor con colores primarios que lleva el sello de Francisco de Miranda, la del pabellón, el araguaney, las orquídeas y el turpial y donde la mejor hallaca la hace mi mamá, la del bravo pueblo que el yugo lanzó que el yugo lanzó, la ley respetando la virtud y honor, cuyo himno susurrado fue la canción de cuna de los niños de la independencia.

Hablo de la Venezuela donde las gaitas decembrinas comienzan a oírse en agosto, la del sonero del mundo Oscar D’ León, la que tiene un puma José Luis que canta: “…agárrense de las manos, unos a otros conmigo…” y un gato Andrés Galarraga que  jugaba beisbol en las mayores, la del Tío Simón que es el tío de todos los que aquí nacen y el mismo que compuso el caballo viejo que es la canción más traducida y versionada del cancionero venezolano. El país donde la cantante del cocotero Lila Morillo no quiso la jaula de oro que le compraron. Este país tiene una cantante que aun hoy es primerísima y su nombre el Mirla Castellanos y donde la población hoy parece ser la ultimísima. El país donde un argentino llamado Ricardo Montaner es más maracucho que el patacón zuliano y un italiano escribe la canción Al norte del sur, dedicada al país donde creció, alcanzó la fama y es el más rico del sur de América; y el país donde un joven Carlos Baute se dio a conocer cantando “yo me quedo en Venezuela, porque yo soy optimista”, y hoy forma parte de los más de cinco millones de venezolanos migrantes.

El país al norte del sur, con las reservas de petróleo y coltán más grandes del mundo, con lo que se convierte en consecuencia en el más rico del globo.

Aún así, el país está roto.

Alguna vez este país lideró el ranking por ser el de la gente más feliz, porque es que a pesar de las rasgaduras que otros le han causado y le siguen causando, sus ciudadanos se empeñan el reír haciendo un chiste de la tragedia dada por la crisis humanitaria  que vive para poder flotar entre tanta pobreza inducida y, porque como dicen mientras ríen: ¿ay chamo que quieres que haga, que llore?

Mientras unos ríen, hay muchos llorando la muerte del familiar que muere de hambre, por falta de atención médica hospitalaria, en manos del hampa común o de las torturas dadas por órganos de control ciudadano.

El país está roto y duele verlo, olerlo, tocarlo, oírlo así. Cada día lo remendamos un poco, pero para algunos ya no hay espacio para un parche o zurcido adicional y aún así salen a la calle con las vestiduras rotas y ya no me refiero a lo simbólico del estar “roto”. Hablo de pantaletas, sostenes, interiores y medias que ya no soportan otra costura y tampoco otra postura; hablo de los zapatos con huecos en sus suelas, sin trenzas ni color. Hablo de las dentaduras rotas, las postizas y las naturales porque ya es imposible cantar tres veces diarias que “los dientes de arriba se cepillan hacia abajo, los dientes de abajo se cepillan hacia arriba” como nos lo enseñó Popi y, la imposibilidad aplica a tener asistencia odontológica dos veces al año como sugieren los especialistas.

Esta roto el hábito del buen oler, porque el costo de un kilo de jabón para la lavar la ropa tiene el costo del cien por ciento del sueldo mínimo y usar perfume que disimule los olores de la ropa lavada sin jabón es también imposible, algo parecido sucede con el jabón para ducharse; con esto compartir las distancias milimétricas que nos separan de otros en el transporte público es un acto estoico donde solo la comprensión empática permite salir a flote de esta experiencia.

Continuará… (el próximo lunes completamos esta descripción empática del vivir venezolano con las respectivas alternativas para vivir y seguir adelante).

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Hernán Hernández es doctor en Educación, jefe de la cátedra de Psicología, coach neurolinguistico, conferencista internacional, motivador y Radio & TV Host.

Instagram / Twitter:  @hernanjhernandez

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