El miedo (Parte I)

Por: Carlos Piña Grau

Aunque no lo recuerdes, cuando eras pequeño no tenías miedo y actuabas con naturalidad, sin ninguna atadura y eras muy feliz. No había bloqueos ni limitaciones, no había ni pasado ni futuro. Vivías cada instante al máximo de su esplendor, porque todo fluía en forma natural.

Habitaba en ti lo que se asocia a la prudencia y algunos llaman un miedo equilibrante que nos aleja de aquello que compromete nuestra integridad. Luego los entornos de tu vida cotidiana empezaron a inculcar cosas en tu mente para que dependieras de un conocimiento que te iba limitando cada vez más a ser tú mismo.

Este tipo de miedo se aprende y, al desarrollarse, nos aleja de nosotros mismos, disminuye nuestra capacidad de amarnos y por consiguiente de sentirnos amados.

Se inicia, por ejemplo, con los padres cuando te mencionan al coco si no vas temprano a la cama; o el miedo a la figura parental encargada de castigar algún comportamiento del hijo.

Luego la educación te hace sentir vulnerable e inadecuado ante tus errores y fallas. La sociedad se encarga de que seas dependiente de situaciones o problemas que te limitan y/o controlan para que al tener miedo no te sientas libre.

Sin darte cuenta te sitúas en una zona de confort que te ofrece una falsa seguridad, ya que no te confronta con situaciones que te producen temor, pero que te limita cada vez más y disminuyen tus oportunidades de evolución.

Ahora bien, lo primero que tenemos que saber es que existen dos tipos de miedo, el real y el imaginario. Por ejemplo, si aparece una culebra en el camino se podría decir que el miedo es real y nos activa el instinto de supervivencia, en este caso no debemos confundirnos y agradecer que esa energía nos pueda salvar de los peligros existentes.

Cuando los miedos son imaginarios se vinculan con el pasado o con el futuro. Tenemos miedo de la repetición de cosas desagradables que ocurrieron en el pasado y no queremos que se repitan y nos bloqueamos.

Lo lamentable es que al no enfrentar la realidad, sin darnos cuenta lo estamos atrayendo. Lo contrario al amor es el miedo y por sentir miedo se nos dificulta amar ya que bloqueamos los sentimientos.

Ahora bien, ¿qué podemos hacer para enfrentar los miedos con coraje? La única manera que he aprendido a lo largo de mis experiencias, es observar y aceptar lo que ocurre en los momentos que nos bloqueamos. Al observar con atención y aceptar la realidad sin emitir juicios, nos ubicamos en el momento presente.

Al estar en el aquí y ahora los miedos desaparecen porque los miedos están en tu mente y al no dejar que esa voz interna te manipule, logras aquietarla y escucharás tu verdadera voz interior que no tiene dudas y aumenta tu fe.

Te recomiendo que practiques todos los días el desarrollo del sentido de la observación, desde tu corazón, para que se produzca la alquimia de sentirte integrado.

Para lograrlo, aprende a meditar para que puedas mantenerte cada vez más en el momento presente y sentirás la paz y la armonía necesarias para fluir en vez de luchar.

___________________

Compartir