El error

Por: Carlos Piña Grau

Todos estamos sujetos a equivocarnos, a cometer errores. Lo que establece la diferencia es la actitud, tanto personal como de terceros, ante nuestros errores.

Si hacemos un recuento propio o echamos un vistazo a nuestro entorno, comprobamos como la tendencia ha sido ‘penalizar el error’. Si nos equivocamos nos castigamos o nos castigan. Eso ha hecho que nuestro actuar esté centrado en evitar cometer errores, lo cual resulta un tanto intransigente con nosotros mismos ya que, alternamente, hemos convivido con la indulgente premisa del ensayo y error. Esta divagación nos confunde y resta energía. Entonces ¿Podemos o no podemos equivocarnos?

Personalmente he observado la dificultad que tenemos en reconocer nuestros errores. Obviamente a nadie le gusta hacerlo pero es un paso fundamental para corregir y no volver a tropezar con la misma piedra.

¿Y por qué se nos hace tan difícil? Podemos sentir vergüenza de equivocarnos. El error baja nuestra estima y pone en duda nuestra capacidad de resolver positivamente una situación o dilema. Nos volvemos excesivamente críticos o, peor aún, trasladamos la responsabilidad de nuestro errar a hechos fortuitos o a terceras personas, todo con tal de no ponernos en evidencia.

Olvidamos que muchos acontecimientos importantes de la humanidad surgieron a partir de un error o accidente como el caso de la penicilina, por ejemplo.

Al quedarnos en el error y en el miedo que este nos ocasiona, limitamos nuestra capacidad de resolución y establecemos cada vez metas muy fáciles de cumplir con el menor esfuerzo posible, pero poco realistas. El resultado es pobre en acción y rico en frustración. No es fácil asumir los errores y observar que otros en nuestro entorno son exitosos.

Entonces, el aprendizaje de nuestros errores debe incluir la observación no crítica para poder reconocer con humildad que nos equivocamos, ser conscientes de nuestra capacidad de resolver el error, de buscar la forma de superar nuestras limitaciones y aprovechar la oportunidad de ver en el error un maestro y no un defecto.

Al tener consciencia de esto recibimos con mente abierta la información que nos transmite el error en sí mismo y podemos depurarla de modo de buscar y adquirir nueva información útil, que nos fortalezca y permita nuevas soluciones.

La actitud negativa ante el error ha sido acunada en nuestra infancia por padres, compañeros, maestros, etc. que buscando siempre la perfección desarrollaron la intolerancia hacia el error.

Entonces es tiempo de cambiar este hábito y apostar por la transformación, de integrar el error como una herramienta de aprendizaje asumida con espíritu de renovación. Así se mantiene la dinámica de aprendizaje que nos ha de acompañar durante nuestra vida. Vivir es un continuo aprender y no podemos anclarnos en la idea de que ya lo hemos aprendido todo. Mientras hay vida hay evolución y ésta es un perenne movimiento que da paso a nuevas ideas y acciones que contribuyen a nuestro desarrollo y crecimiento, sumando un valioso aporte de información y vigor en nuestras relaciones personales, cualesquiera estas sean.

Al conocernos mejor ganamos autoconfianza en nuestras habilidades y aprendemos a manejar el miedo que es altamente limitante y ejercitamos esa cualidad llamada resiliencia que nos fortalece al poder superar exitosamente nuestras debilidades.

Grandes pensadores dedicaron tiempo y palabras a este asunto como Cicerón cuando dijo que “Es de humanos errar” o Henry Ford cuando expresó asertivamente “No encuentres la falta, encuentra el remedio”.

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Email:  carlospinagrau@gmail.com

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