El desafío de la felicidad

Por: Ana Elena Santanach

La felicidad no es algo que acontece por sí solo. No es algo que nos ocurre porque sí. Y si somos sinceros y nos enfocamos en nuestros momentos más felices nos daremos cuenta que fue algo en lo que trabajamos y nos esforzamos por obtener. Aun en momentos de desencanto y dolor el saber escoger cómo reaccionamos ante ello pudo generar cierta satisfacción. Muchos de nuestros instantes de felicidad son el resultado de desafíos superados. De seguro que pocos se sentirán alegres cuando tienen hambre, soledad, frío, cuando las cosas no están saliendo bien, o están lejos de seres queridos. Pero qué pasa con los que tienen todas esas necesidades cubiertas y aun así no se sienten felices. ¿Cómo traemos la alegría a nuestras vidas y casas y logramos que se quede allí?:

-Cambiar la forma en cómo pensamos de la felicidad. Si pensamos de ella como el resultado de tener mucho de todo, los que tienen poco de algo, que son la mayoría, estarían condenados a la desdicha permanente, y sabemos que no es así. Las cosas materiales sólo nos vuelven consumidores, no felices. Que el estado financiero no sea el que nos dibuje o borre la sonrisa. Hay pequeños que provocan oleadas de felicidad: el olor de la taza de café, el color del cielo al atardecer, un abrazo, la voz del amigo después de un día difícil.

-Pensar en términos de servicios y no solo de derechos y merecimientos. No hay un generador de felicidad mayor que ayudar a otro. Es más, necesitamos ser capaces de dar (y también de recibir) cada día. Necesitamos conectarnos con el amor. En el amor se trata de dar, de compartir. De darnos y compartirnos. Eso es servir a los demás. Ser considerado con los otros. En ocasiones, tenemos el deber de estar alegres y no arruinarle la diversión a los demás.

-Conciencia tranquila. La felicidad depende en gran medida en cuan íntegros somos en nuestra vida. Como expresa el popular refrán “el que no la debe no la teme”, así absuelve la conciencia. La felicidad es una consecuencia de un vivir honesto e intachable. Los valores nos mantienen enfocados en el camino recto y evitan ser arrastrados por la reinante corrupción y los atajos morales de hoy en día.

-Obtener lo mejor de las cosas que nos ocurren. Existen personas que pueden ser valiosas en nuestra vida y aportar significativas dosis de felicidad y las hemos “desechado” porque tienen algún defecto, se equivocaron en algo o sencillamente “nos caen mal”. Igual con algunas experiencias. Las consideramos como estériles, como si no agregaran nada a nuestra vida, pero por algo nos pasó. Nuestro bienestar viene de cómo elegimos interpretarlo. Vinculemos las personas y las vivencias a un propósito elevado.

Práctica y sentido espiritual. Cuando nos concentramos en la vida de una forma que incluya a Dios en nuestras ideas y pensamientos cotidianos estaremos resguardados de frustraciones y desencantos. El solo sentir que Él es compasivo y nos ama debe inyectarnos felicidad. Él es que nos provee de una familia y amigos y ha estado a cargo mucho antes que aparecieran en escena.

Aceptemos el desafío de ser feliz.

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Ana Elena Santanach es conferencista.

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