El arte callejero se consagra en tours culturales argentinos

“A veces los vecinos buscan quien les pinte un mural; otras son los propios artistas quienes pasan frente a una pared blanca con su tachito de pintura, tocan el timbre del dueño de casa y ofrecen colorear el muro. Todo el tiempo surgen obras nuevas en las calles, el arte callejero es muy cambiante, por eso hay que estar atento para descubrirlo”, explica la guía de turismo Belén Martínez al grupo con el que realiza uno de los recorridos del programa Street Art Buenos Aires.

Se trata de una serie de nuevos tours organizados por el Ente de Turismo porteño, que se suman a otros ofrecidos por agencias privadas junto a organizaciones de artistas. El común denominador es que todos invitan a vecinos y turistas a descubrir el color de murales escondidos, obras al alcance de la mano que muchas veces no apreciamos.

El arte callejero es un medio de expresión mediante piezas que conllevan dentro de sí una ideología, una vieja forma de decir “yo estuve acá”, de plasmar con un trazo, una firma, un garabato, la propia personalidad. Por eso muchas veces se los asocia al vandalismo, cuando no son autorizados por los dueños del inmueble en el que impactan.

Por las molestias que en ocasiones causa, el arte urbano está regulado en Buenos Aires desde 2009 por la ley de muralismo. El programa oficial más relevante es Arte en la Ciudad, que busca intervenir 400 espacios bajo las autopistas y puentes ferroviarios. Gracias a esa y otras iniciativas, como Color BA, cada año se suman originales diseños en las paredes.

Los orígenes de los grafitis se remontan al día en el que un hombre pintó por primera vez una figura sobre una pared. Desde el arte rupestre, la intervención de muros ha sido una constante. Ya en el siglo XX, varios artistas -como Yves Klein o Jean-Michel Basquiat- hicieron obras en espacios públicos. De hecho, en París fue una práctica muy común entre ciertos pintores en los años 40 y 50. Pero el street art como movimiento empezó en Filadelfia, Estados Unidos, en los 60. En la Argentina, se afianzó a partir de la crisis de 2001 como un movimiento de protesta.

Duck tap, stencil, grafiti, escultura, instalaciones, stickers, afiches, mosaicos, pintura y collage son algunas de las técnicas utilizadas en una variedad infinita de soportes en barrios como La Boca, Barracas, Palermo, Villa Crespo, Villa Urquiza o Belgrano, entre otros. Las representaciones pueden estar ligadas a la denuncia social, a lo provocador, o simplemente ser arte decorativo. Narran desde la historia de la Argentina y sus habitantes hasta algún mito de la antigüedad. Pero además pueden ser dibujos de tapas de discos, como los del músico Luis Alberto Spinetta en la plazoleta del paso bajo nivel de Coghlan que lleva su nombre y es punto de encuentro de uno de los cuatro tours gratuitos que ofrece el Ente de Turismo.

“Los murales despiertan interés por su grandiosidad, los colores, las temáticas, los homenajes que rinden a determinados personajes. Vienen personas desde países como Brasil, Colombia y México para apreciarlos. De las visitas participan tanto los adultos como los niños. Los más chicos quedan fascinados, les sacan el celular a los padres para tomar fotos. Las viejas generaciones se asombran de lo que hacen las nuevas”, explicó la guía, en una recorrida en la cual invitó al grupo a detenerse frente a obras de artistas internacionales como Kiptoe, de Los Ángeles, Estados Unidos, quien intervino una de las medianeras de un supermercado con su obra Motivación.

 

Fuente: lanacion.com

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