El área protegida más antigua de Bolivia apuesta por el turismo comunitario

El parque nacional Sajama, el área protegida más antigua de Bolivia, tiene un gran potencial de turístico comunitario que acerca a la diversidad de su fauna, a disfrutar de aguas termales, observar géiseres o escalar el nevado más alto de Bolivia.

Esta área protegida, constituida desde 1939, se encuentra en el departamento boliviano de Oruro aproximadamente a 4.300 metros sobre el nivel del mar, fronteriza con Chile en plenos Andes.

Las 100.000 hectáreas del parque resguardan la vida silvestre de animales como el suri, una especie de ñandú de los Andes; el zorro y gato andino, flamencos, pumas y quirquinchos o armadillos.

En sus senderos se pueden observar sin dificultad llamas, alpacas y pequeños grupos de vicuñas dispersos en las grandes extensiones de un paisaje semiárido y altiplánico, pero imponente por la presencia del Sajama, el nevado más alto de Bolivia con 6.542 metros.

En esta área protegida viven cinco comunidades comprometidas con la protección de la fauna y flora, con su principal fuente de ingreso en el turismo.

“Las comunidades aquí viven del turismo comunitario, es el recurso principal que genera réditos económicos para la educación y la salud”, manifestó a Efe el director del área protegida, Julio Mamani.

Varias de las comunidades edificaron albergues para recibir turistas, que principalmente llegan con ganas de alcanzar la cima del “doctor Sajama”, como le dicen los pobladores.

En estos ecoalbergues los pobladores se turnan para atender a los huéspedes, que reciben con música autóctona para que conozcan un poco de su cultura.

“Nosotros queremos que las personas que llegan aquí se lleven el mejor recuerdo de nuestro hogar, el Sajama, y vean que tenemos mucho que ofrecer”, comentó a Efe la administradora del albergue de la comunidad de Tomarapi, Martha Guarachi.

Los pobladores también ofrecen algunas de sus comidas típicas en base a carne de llama y alpaca acompañadas de papas y quinua, para que prueben los sabores del lugar.

En esta ocasión chefs de los restaurantes Gustu y Jardín de Asia de La Paz, junto a biólogos de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS, por sus siglas en inglés), visitaron a finales de marzo a las comunidades para conocer de cerca los ingredientes que utilizan en sus cocinas.

“Esperamos también llamar la atención de la belleza de estos lugares y también generar oportunidades en términos turísticos que beneficien a las comunidades”, manifestó el director de WCS, el inglés Robert Wallace.

De la misma forma, estas comunidades ofrecen visitas al mirador Caripe, para observar los bofedales, humedales altoandinos, donde caminan libres las alpacas con el majestuoso Sajama de fondo.

También ofrecen visitar una piscina con aguas termales de Manasaya, al aire libre, para disfrutar de las propiedades medicinales que tiene esta agua, además de que sumergirse también sirve para purificar el alma, según los pobladores.

“Este lugar está abierto al público todo el año y llegan turistas de todo el mundo para darse un baño en estas aguas medicinales que están llenas de minerales, además aprovechan de sacarse lindas fotografías con el Sajama detrás”, relató a Efe Adrián Cañari, el representante legal del lugar.

En la madrugada, los visitantes pueden visitar los géiseres, ojos de agua caliente que emanan vapor y que se elevan a distintas alturas.

Para los más aventureros también hay guías y equipos de montaña para escalar el Sajama, un cono volcánico cubierto de nieve, u otras montañas cercanas como el Parinacota (6.200 metros), el Pomarapi (6.000), en la frontera entre Bolivia y Chile, o el Acotango (6.079).

Según Mamani, la mayoría de los visitantes llegan de Francia, Italia, España, Alemania y países de Asia, pero son muy pocos los de Latinoamérica.

El director agregó que un 90 por ciento de los visitantes que llegan al Sajama son extranjeros y solo el 10 por ciento son bolivianos.

 

Funete: EFE Noticias

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