Educar en libertad y en consentimiento

Por: Aida Montenegro-Loughran

Las palabras no son mortales como los hombres. No perecen tan rápidamente. Y cuando esa palabra equivale a un sentido y encierra un valor determinado, se constituye un alter ego que supera al individuo y lo somete incondicionalmente a ella.

La libertad es uno de los dos o tres conceptos mágicos que desde siempre han movido la historia. Y que hoy nos mueve a nosotros a plantear nuestras ideas sobre el concepto de la libertad individual y sus límites cuando entran en juego las leyes, los hombres y las actitudes generalizadas. Como parte del aprendizaje del antes y después me sumo e invito a todas las madres a educar a sus hijos en libertad. A decirles a sus hijas e hijos lo que vale el consentimiento. La belleza de la palabra: “sí quiero” para descubrir en las relaciones interpersonales el gozo compartido. La igualdad del “no“ como puerta que se cierra a nuestras intenciones y que nos hace detener. A educar a nuestros hijos en libertad con responsabilidad y darles, con nuestro ejemplo, la forma en que debemos respetar el espacio personal ajeno.

Las redes sociales y en especial la nueva generación han hecho eco de la caja de Pandora que la interpretación de las leyes españolas ha dado este 26 de abril a las acciones cometidas en la fiesta de San Fermines en el 2016 por el grupo “La Manada”, juzgado en la sala de audiencia de Navarra en Pamplona.

Libertad individual

Es el  valor constitutivo de la persona en cuanto a tal, fundamento de sus deberes y derechos, conforme al cual cada uno puede decidir autonomamente sobre las cuestiones esenciales de su vida, haciéndose respondable ante la sociead de las consecuencias de sus decisiones y de los resultados de su propia acción.

La socialización -hija legítima y complemento necesario de la libertad individual- ha tenido y sigue teniendo limites y distorsiones relevantes, desigualdades de género, relaciones de dominio, cuya raíz puede encontrarse en el hecho de que la libertad individual no ha sido nunca un bien generalizado. Si observamos, aún existen a nuestro alrededor algunos grupos que han llegado apenas a los umbrales de su ejercicio. La gran mayoría de la mujeres en el mundo, por ejemplo, tienen sus vidas condicionadas a los efectos de las libertades de otros más que por la actuación de la libertad propia.

Además, para el pleno ejercicio de la libertad individual deben existir otros valores esenciales reconocidos y promovidos en la sociedad como lo son la fraternidad y solidaridad.

Eduquemos a nuestros hijos para que reconozcan el valor de la libertad individual, porque en ella los seres se acercan y se erigen sociedades basadas el respeto y el derecho, en el que una chica de 18 años tiene la opción de salir sola sin ser rodeada por otros seres humanos convertidos en manada.

Sí, se puede, feliz viernes.

_________________

@aidaline2012

Compartir