Ecología interior

Por: Ana Elena Santanach

Tres palabras definen acertadamente nuestra actual responsabilidad sobre el medio ambiente: reciclar, reducir, reusar. Hay que reconocer que estas acciones son una ayuda a las tiranas actitudes de “use y tire”, “use y acumule” o “use y descarte y deseche”. Veamos cuantas cosas se rompen y las descartamos en el rincón del sótano, la bodega o el patio: pinturas viejas, baterías de auto, monitor de computadoras, bicicletas que sólo se le pinchó un neumático, cables, escombros, y muchas veces materiales tóxicos o peligrosos. Y ni pensar en reparar algún artículo, por qué, si lo puedo comprar nuevo. Entonces surge el reciclaje como salvación. Los plásticos juntos, el papel y cartón juntos, lo tóxico separado. Lo que se puede arreglar y regalar aparte y lo que definitivamente no sirve o no se puede reusar es basura. Se elimina.

¿Se podrá hacer ese reciclaje en nuestro “ambiente interior” y lograr vivir más liviano, más despejados y más libres? Creo que sí. Aunque no es lo mismo clasificar los desechos acumulados en casa que los acumulados en el corazón. “Dios les dará un corazón nuevo y un espíritu nuevo…” (Ezequiel 36: 26ª Biblia). El viaje a nuestro interior no es tan suave como el viaje a la empresa recicladora.

Reciclar. Hacer la introspección necesaria. Sacar todo de la bodega. Revisarlo y hacer un recuento, un inventario personal honesto. Puede ser una oportunidad para pasar tiempo con nosotros mismos y reciclar viejas ideas o viejos sueños. Reevaluar los rasgos de la personalidad, sentimientos, emociones y reacciones. Tomar consciencia.

Reducir. Seleccionar. Esta parte es quizá, la más difícil. Pues hay cosas que podemos conservar, pero hay otras a las que debemos renunciar. No pueden seguir siendo parte de nuestra vida. Hay gente que siempre van a estar con nosotros, pero hay otras que deben irse. Y cuesta, ya que acostumbramos a aferrarnos o apegarnos a las cosas y a las personas aún a aquellas que nos causan daño: resentimientos, dolor, amargura. Es el momento de verdaderamente eliminar lo malo (o intentarlo): “Las malas amistades echan a perder el buen carácter” (I Corintios 15:33 Biblia).

Reusar. Aspectos nuevos de “nosotros mismos” que puedan reencender nuestra voluntad interior. Algo puede tener su aspecto usado en su superficie, pero en su esencia es completamente nuevo. Un órgano se trasplanta sólo si está muy dañado, si no, se repara o se cura con tratamiento. Si algo se desencamina en el matrimonio se arregla. Es mejor una relación restaurada que una nueva.

En ocasiones no todo lo vamos a reciclar, reutilizar ni reducir. Habrá algunos hierros viejos y oxidados que conservaremos para recordarnos que somos imperfectos, igual nuestro esposo, hijos y demás personas con las que nos relacionamos, y que desalojar algunas áreas toma tiempo. Pero vale la pena volverse ecologista y llenar el ambiente de amor, reconciliación, perdón, anhelo y conexión. La sensación de limpiar a fondo, dejar ir y dar lugar a cosas nuevas es incomparable. Importante reconocer que no es una tarea fácil. Necesitaremos la intervención directa de Dios. El nos hizo y conoce nuestro potencial de mejoría: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí” (salmo 51:10 Biblia).

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Ana Elena Santanach es conferencista.

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