Donación de bicicletas ayudó a combatir deserción y bajo rendimiento escolar en sierra peruana

En Perú, según datos del Ministerio de Educación (Minedu), la deserción escolar, aunque tuvo una considerable disminución en los últimos años, se ubicó en 1,3 % en primaria y 3,5 % en secundaria en el período interanual 2018-2019.

Esos valores, correspondientes a todo el país, se agravan en las zonas rurales del territorio peruano. Según la misma institución, en estos lugares la deserción en primaria fue de 2,4 %, mientras que en secundaria llegó a 5,2 % en el mismo período de tiempo.

Son muchos los factores que motivan este abandono de los estudios por parte de estos niños y adolescentes, entre ellos está la distancia entre las viviendas y los colegios.

“El principal problema que tienen son las largas horas de caminata. Hay chicos que caminan 45 minutos y hemos encontrado casos que lo hacen hasta tres horas”, dice a este respecto Rodrigo Aguirre, director de Proyectos y de Recursos Humanos de una iniciativa denominada Baika, un proyecto social integrado por jóvenes universitarios que se ha propuesto combatir esta deserción.

Generalmente, explica el entrevistado, las clases comienzan alrededor de las 7:30 y 8:00 de la mañana, eso significa que tienen que levantarse a las 4:30 para prepararse y luego hacer el largo periplo para llegar a tiempo al colegio. Este trayecto, en el caso de la Sierra, que es donde han visto la problemática, lo hacen a bajas temperaturas.

Eso genera, además de la alta tasa de deserción, inasistencias, desmotivación, cansancio, enfermedades y bajo rendimiento escolar, menciona Aguirre.

De una Navidad a un proyecto mayor

Baika, que en quechua significa bicicleta, lleva este medio de transporte a zonas rurales de los departamentos que están en la Sierra de Perú, para, justamente, acortar el tiempo de traslado de los pequeños.

Esto empezó en 2017, cuando un grupo de amigos decidió ir a hacer una entrega de obsequios, en época de Navidad, a Puno, uno de los departamentos más pobres de Perú. Llevaron ropa, comida y juguetes; pero, además, sumaron 13 bicicletas, luego que les comentaran que los niños de la zona caminaban durante horas para ir y regresar del colegio.

En esa primera entrega, Aguirre donó su propia bicicleta, con la que había aprendido a manejar ese vehículo. De los 13 niños que recibieron las donaciones, justo quien le tocó a él no sabía manejarla. “Cuando lo vi, fui a enseñarle inmediatamente”, cuenta el joven.

Una de las personas que participó en la campaña navideña grabó y publicó un video de la entrega. Al regresar del viaje, este grupo de amigos comenzó a recibir mensajes en sus redes sociales en apoyo a la labor y, particularmente, por la entrega de las bicicletas, para lo cual se ofrecían a colaborar con otras unidades para llevarlas a esas zonas.

Poco tiempo después ya tenían otras bicicletas y en marzo de 2018 hicieron una nueva entrega, también en Puno. A ese departamento volvieron, cuando ya crearon formalmente Baika, a mediados de ese mismo año con más unidades.

“Lo que hacemos es pedir bicicletas de segunda mano, en desuso, nosotros les damos un mantenimiento y luego las entregamos en algún lugar. Todas las bicicletas siempre son donadas”, comenta Aguirre.

Para recolectarlas, tienen varios puntos instalados en Lima, donde, además, cuentan con un almacén para hacer el mantenimiento; asimismo, recogen en otras ciudades del país, donde han encontrado personas interesadas en colaborar.

El impacto

A la fecha, han logrado entregar, según detallan en su página web, 831 bicicletas a chicos de 40 centros educativos rurales del país sudamericano, tanto de primaria como de secundaria. 401 han sido entregadas en Puno, 245 en Cusco, 133 en Ayacucho y 52 en Arequipa.

Con la información que proporcionan otras instituciones o proyectos, eligen el lugar donde hacer la entrega. “Lo que pedimos es nombre, edad y sexo, para poder escoger acá en Lima una bicicleta adecuada para cada uno de los chicos”, señala Aguirre.

Según cuenta el entrevistado, desde la Universidad del Pacífico hicieron una evaluación de impacto del proyecto en una de las zonas que se han favorecido con las entregas.

En ese estudio, encontraron que, en promedio, chicos que caminaban una hora y media para llegar a su escuela, redujeron en 42 minutos ese tiempo; se disminuyó en un 29 % la probabilidad de inasistencias; y se incrementó en un 23 % la posibilidad de que los niños obtengan una nota sobresaliente.

Para otros propósitos

Aunque la bici es para combatir estas problemáticas, también puede ser usada para otros propósitos. “Nosotros les entregamos las bicicletas a los chicos como un medio de transporte para ir al colegio, pero está súper claro que la bicicleta también es un medio de diversión y de juego”, comenta Aguirre.

Además de las bicicletas, a estos niños y adolescentes les dan algunos consejos sobre su mantenimiento, les entregan un manual en caso de que lo necesiten para hacer reparaciones, que va acompañado con un kit con los implementos básicos para esta tarea.

Cabe destacar que este año, producto de la pandemia, la deserción tuvo un aumento significativo, pero el factor principal es la falta de acceso a internet u otros medios para cumplir con las clases a distancia decretadas por las autoridades. Según estimaciones del Minedu, unos 300.000 estudiantes dejarían la escuela este año, es decir, alrededor del 15 % de la matrícula nacional.

 

Fuente: rt.com

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