Director de escuela en Argentina logra, con un enfoque lúdico, mejoró desempeño en matemáticas

Daniel Corbalán, de 53 años, es el director de la Escuela Secundaria N° 143 Profesor Héctor Báez, situada en Laferrère, en el corazón de La Matanza, el partido más poblado de la provincia de Buenos Aires. Ahí la docencia se convierte en un complejo camino de obstáculos o, como dice Corbalán, en un arte. Cuando faltaron pupitres, los armaron con madera en buen estado que encontró debajo de la autopista. Cuando decidieron hacer una nueva biblioteca, fabricaron los estantes y anaqueles con cajones de frutas y verduras. Cuando el desempeño de los alumnos en Matemática era muy bajo, decidieron enseñar la materia con un enfoque lúdico. En el turno mañana, por ejemplo, de 200 alumnos aprobaban solo 30. Ahora que los chicos aprenden jugando, esa cifra se revirtió: en el último año aprobaron 120.

De este modo, la escuela se convirtió en un ejemplo de las buenas prácticas en esa asignatura. El dato se destaca si se tiene en cuenta que, a nivel nacional, en la pruebas Aprender que se tomaron en 2017 a alumnos de los últimos años del secundario, el 69% tuvo severas dificultades para resolver operaciones matemáticas.

“Para aprender el teorema de Pitágoras hicimos un video con el celular, en el que tuvimos que contar su biografía y de qué se trataba el teorema. Algunos se filmaban a sí mismos y otros grabaron una hoja en la que detallaba toda la información. Yo no lo conocía y me resultó muy interesante. Matemática es muy difícil, pero a través del juego uno se engancha más”, dijo Wanda Palacios, de 14 años, alumna de tercer año.

Todo empezó con un proyecto a nivel distrital que se llamaba Matanmática, por el que se pegaban consignas en toda la escuela y los chicos las iban respondiendo. Los ganadores luego pasaban a una competencia zonal y, finalmente, a una distrital. En 2015 esa iniciativa se terminó, pero ellos decidieron continuar con la modalidad dentro de la escuela.

Pensaron juegos, como un tiro al blanco en el que variaba la consigna, generalmente vinculada a la resolución de ecuaciones o problemas matemáticos; según dónde impactaba el dardo, planteaban acertijos o daban incentivos, como bolsas de golosinas. E incluso armaron un juego de ingenio en el que hay que formar siluetas con las piezas dadas. Como en el caso de Wanda, les propusieron a los alumnos hacer tutoriales sobre diversos temas.

Recursos y voluntad

“En la docencia uno crea nuevas cosas cotidianamente. Hay que tener imaginación, generar situaciones nuevas, usar la creatividad. Muchos profesores, ante la falta de recursos, van declinando su voluntad y vuelven a la práctica tradicional del pizarrón y la tiza. Pero nosotros necesitamos gente con iniciativa para enseñar. Los pibes están todo el tiempo interactuando con una pantalla y con juegos interactivos, por eso hay que aprender a estimularlos en la escuela, para que no se aburran”, explicó Corbalán, director de esta escuela pública desde 2013.

Entre los tres turnos, Corbalán tiene 450 alumnos y 120 docentes a cargo. Uno de los grandes problemas es el ausentismo. En el caso de los alumnos, muchos faltan por problemas familiares. Corbalán afirma que algunos chicos llegan casi, en estado de abandono: sucios y mal alimentados. “Muchos en sus casas no tienen ni ducha. Hubo un caso de unos hermanos que faltaban mucho, fuimos a la casa y vivían solos en una casa destrozada, en una situación de vulnerabilidad extrema. Y hay un chico que sale del colegio y se va a vender pan”, detalló.

Por el lado de los docentes, pueden tener hasta 15 profesores ausentes por día. Esto hace que, sobre todo en materias como Matemática, los chicos se pierdan. A raíz de estos problemas tuvieron que abrir cursos especiales, muchas veces enfocados en un solo tema, para atenuar el efecto del ausentismo.

Un punto de inflexión para la escuela fue la capacitación que Corbalán hizo, junto con otros directores de colegios de la zona, a través de la ONG Cimientos. Fue un trabajo de tres años en que aprendieron a detectar las fallas dentro de la propia escuela y así poder promover las buenas prácticas.

“Cimientos tiene una forma de capacitación muy buena. La empezamos en 2015 y terminamos en 2018. Uno a veces tiene prejuicios, pero la verdad es que la formación fue excelente. Nos parecía una pedagogía elitista. Yo estudio Ciencias de la Educación y uno va teniendo contacto con autores de la República, mientras ellos se manejaban más con autores europeos o norteamericanos. Pero, la verdad, de todas las capacitaciones que tuve en 36 años, fue la mejor”, confió Corbalán.

“Ellos decían que vos tenés que modificar la realidad de tu escuela a través de las buenas prácticas. Primero hay que analizar lo que pasa en el aula. Entonces entrábamos a las aulas, escribíamos todo lo que veíamos y luego analizábamos lo que habíamos presenciado. Ellos nos hacían descubrir todo lo que estaba mal en el aula y nos proponían cosas para mejorar”, agregó.

Verticalismo

Las propuestas giraban en torno a romper el verticalismo para acercar el alumno al docente: no tener clases que sean meramente expositivas, y promover la innovación y la motivación al momento de enseñar.

“Esta es nuestra casa, nuestra vida, por eso tratamos de hacer las cosas de la mejor manera. Además, cuando te acercás a los chicos, ellos empiezan a sentir que la escuela es parte de ellos. Acá pueden pintar un mural, proponer cosas, quejarse. De hecho, muchas de las ideas que implementamos surgen de los alumnos. Eso de que los profesores hablen y los pibes copien es algo que ya no va. Uno tiene que prepararse permanentemente para presentarles a los chicos las cosas de otra manera, para que ellos se enganchen, se diviertan y les sirva”, sostuvo Patricia Blanco, de 48, años, secretaria y profesora de Matemática de la escuela.

“Hay profesores que han renunciado porque no acuerdan con esta forma de enseñar o con esta idea de que al alumno hay que considerarlo al mismo nivel que un profesor. Nosotros tomamos lo que dicen los alumnos como una verdad”, sumó Corbalán.

Él camina por los pasillos de la escuela. De las paredes cuelgan los cuadros que hicieron los alumnos, que adornan el colegio junto con algunos murales, también pintados por los chicos. Mientras saluda a algunos docentes y estudiantes, reflexiona: “Acá educamos a chicos de familias muy humildes. Esto nos da una responsabilidad aún mayor, porque las familias de estos adolescentes confían en que la escuela les puede cambiar la vida”.

 

Fuente: lanacion.com

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