Descubrir el asombro

Por: Ana Elena Santanach

Las mejores cosas de la vida son cosas sencillas. Están constante y permanentemente frente a nosotros. Son cosas que ya poseemos. Tenemos frente a nosotros obras de arte de la vida, pero estamos fríamente mirando hacia abajo, con el rostro inclinado y la espalda encorvada. ¿Dónde está el maravillarnos por las olas del mar? ¿A dónde se fue la inspiración reverente ante la noche oscura saturada de estrellas? ¿Qué se hizo la admiración por el nacimiento de un bebé? ¿Cómo es que nos hemos “inmunizado” frente al brote de las flores y ante su perfume? ¿Y el asombro?

Quizá la frecuencia de algunos eventos nos ciega a su hermosura y nos decimos: qué tiene de emocionante el salir de picnic con la familia, el beso de buenas noches o caminar tomado de la mano con la esposa. Eso es muy repetido. Y aburridos emitimos un “qué pereza” silenciando los emocionantes ¡“oh”! y ¡“ah”!

La vida, actualmente como la concebimos exige que nos asombremos hasta sentir que estamos ante un milagro. Encontremos un paisaje natural, la sonrisa de un tierno bebe, una interesante pieza de ingeniería o algo que nos haga expresar ¡Qué hermoso! ¡Lo he visto muchas veces, pero me sigue cautivando! Aunque las olas se extiendan sobre la playa muchas veces en un día, es un milagroso misterio o un misterioso milagro que eso ocurra. Observa, escucha y siente a tu alrededor. En lo común y en lo normal también está el asombro. Está el verdadero valor de la vida.

Asómbrate de ti mismo. Desbloquéate para encontrar lo mejor en ti, aquello que se esconde bajo capas de amargura, de culpa, de ira o de tristeza. Impresiónate de las habilidades y talentos que Dios te dio. Asómbrate con cada uno de los 25,000 respiros (o suspiros) que das al día, aunque sea tan regular y normal. En los tiempos actuales, respirar ya es un milagro.

Por último. Asómbrate con Dios. Él ha optado por hacer gala de su poder, diariamente. Quizá no está todos los días (posiblemente sí) abriendo los mares, levantando paralíticos o convirtiendo el agua en vino (muchos si apreciarían ese milagro), pero Dios nos “acribilla” con sus constantes muestras de amor y gracia. ¿No lo puedes ver? Oprime el botón de pausa, abre tus ojos y tu corazón, y lo verás. “Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento la obra de sus manos, un día emite palabra a otro día y una noche a otra noche declara sabiduría” Salmo 19:1-2 (Biblia).

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Ana Elena Santanach
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