De la dependencia a la autonomía

Por: Lorena Castro Jaén

Uno de los desafíos que los liderazgos deben plantearse no suele estar tan evidente como podría pensarse. Con frecuencia, desde la perspectiva de un líder la conducción de su equipo hacia las metas propuestas figura como su rol fundamental lo que implica que este líder asume la responsabilidad de planificar, dirigir, controlar y evaluar lo que cada uno de sus colaboradores debe asumir en el desempeño de sus funciones. Ello, sin duda, a la luz del deber ser luce ajustado a toda lógica, sin embargo, en esta entrega iremos un poco más allá de esta lógica.

Cara y contracara de la dependencia

Es frecuente observar en muchas organizaciones que, ante la ausencia del líder el equipo entra en una especie de parálisis que supone la espera de la presencia del líder del equipo. Este comportamiento evidencia el grado de dependencia y el temor a emprender acciones que puedan responsabilizar a los colaboradores que asuman iniciativas en ausencia del que tiene la autoridad para la toma de decisiones. Ello, evidencia que el tema de la delegación y las competencias de los miembros de un equipo son probablemente las razones por las cuales estos colaboradores no se sienten en capacidad de accionar a fin de solucionar o dar respuesta a situaciones específicas.

Las razones pueden ser muchas, sin embargo, abordaremos dos de las que parecen más evidentes. Por una parte, los comportamientos que evidencian la dependencia de un equipo hacia su líder es signo de que estos no se sienten autorizados para tomar decisiones y actuar en consecuencia. Un factor que lejos de garantizar la operatividad de una organización, muestra el centralismo para la toma de decisiones, dejando en claro que los procesos no han sido diseñados para que fluyan independientemente de las personas involucradas.

Sumado a lo anterior, un alto grado de dependencia muestra que las competencias en tanto: conocimientos, habilidades y experiencia no figuran como fortalezas del equipo y ello implica que el líder no promueva la toma de decisiones en situaciones cotidianas que no requieran de su presencia. Cabe señalar, que en aquellos casos en que las decisiones puedan comprometer aspectos fundamentales, naturalmente deben contar con la aprobación del líder.

La autonomía del equipo como fin último de todo líder

Un líder que tiene claro su verdadero rol, reconoce que su paso por la organización debe dejar una huella, más allá de los logros en productividad o en metas alcanzadas. Si bien, eso es lo esperado, más allá de la eficacia que respalda su gestión, la convicción de sembrar nuevos liderazgos altamente competentes que sean capaces de asumir, en su ausencia el rol que este viene desempeñando. Ello no solo implica invertir, monitorear, motivar y conducir a sus colaboradores, sino que supone el desprendimiento y la humildad para dar paso a liderazgos emergentes. Lo que tendrá un alto impacto en su equipo, ratificándole la valoración y el respeto que su líder tiene hacia ellos.

De lo anterior importa destacar que la delegación es un factor clave en el crecimiento y la consolidación de toda organización. Supone compartir la premisa de que se está de paso y que la dependencia es signo de malas prácticas que terminan por estancar no solo el desarrollo del propio líder, sino del recurso humano que hace posible la vida de las organizaciones.

¡Hasta un próximo encuentro!

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Lorena Castro Jaén es facilitadora y consultora en el área de recursos humanos y gerencia.

Twitter e Instagram: @gerenciaenpositivo

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