COVID-19. Cuarentena. Solos, mas no aislados

Por: Aida Montenegro-Loughran

Nuestra primera semana sin contacto social, excepto con nuestra familia de cuatro y los encuentros esporádicos de más de dos metros de distancia por razones de necesidad nos han demostrado lo afortunados que somos.

Cuando hay miles de familias separadas de sus miembros sin poder dar una palabra de aliento o el leve adiós nosotros estamos juntos. Desde esta perspectiva visualizo quién quiero ser durante esta pandemia mundial gracias a un trabajo compartido en las redes en que se desarrollan por etapas nuestro crecimiento durante este reto.

ZONA DE MIEDO

Para dejar esta primera zona hay que controlar la necesidad de salir a comprar cosas innecesarias o las llamadas compras de pánico, tratar de ser tolerante con todos especialmente con nosotros mismo y balanceado en relación a la realidad que nos afecta.

ZONA DE APRENDIZAJE

Aquí nos centramos en dejar de querer controlarlo todo y empezar a consumir lo que nos ayuda a ser mejores, como alimentos naturales, comidas hechas en casa, libros edificantes y noticias basadas en fuentes confiables. Reconocer que todos estamos tratando de dar lo mejor de nosotros mismo ante una situación compleja.

ZONA DE CRECIMEINTO

Como decíamos en nuestra columna anterior, esta zona se logra cuando empezamos pensar en los demás y buscamos la forma de ayudarles. Hay miles de voluntariados que necesitan toda la ayuda posible. Tener propósito en nuestra vida, agradecer y vivir en el presente depende de nosotros mismos. Siempre habrán retos pero en nosotros está la capacidad de recrear nuestra realidad. Como entes positivos proyectemos esa energía necesaria en este momento.

UNA GRACIA AHORA VISIBLE

Nuestro planeta ha empezado a recuperar su cielo azul y el silencio en las ciudades ha invitado a más pajarillos ha anunciar con su canto el inicio de la primavera. Nuestras conversaciones con familiares y amigos se han convertido en parte vital de nuestra rutina. El trabajo escolar está otra vez en manos de los padres y los maestros sean convertido en facilitadores del aprendizaje. El cierre de los centros comerciales ha hecho ver que no necesitamos estar a la moda. Los trabajos vitales son lo que realmente deben ser reconocidos y remunerados, sobre todo los que están en la calle trabajando para evitar el contagio, para producir y sobre todo para cuidar y sanar a los contagiados.

Feliz viernes y recordemos que estamos solos pero no aislados como en el Macondo de García Márquez, con la peste del insomnio, sigamos las instrucciones y esperemos en nuestras casas hasta que se encuentre la cura.

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