Contagiarse, pero de alegría

Por: Ana Elena Santanach

“Todos estamos en riesgo”. Esta no parece ser una buena frase para iniciar un artículo sobre noticias positivas, pero lo bueno está en saberlo, en estar advertidos que “estamos en riesgo”. Y hasta el más indiferente, distraído o distante de los seres humanos está mínimamente enterado de esto. Claro que me refiero al coronavirus. Y mientras aparezca el antídoto, la vacuna o la cura la medida preventiva consiste en que los que están sanos no se vean expuestos a los que están enfermos.

Sin restarle importancia a la situación de emergencia mundial que existe, podríamos deducir un consejo ético de ésta calamidad: No exponernos. Y ya que existen una y mil formas de quedar contagiados de ciertos males sociales, morales y espirituales que son difíciles de curar, también deberíamos evitar exponernos a esos males.

Somos tentados y provocados constantemente a peligros por no mantener la distancia del que nos tienta. Situaciones que pueden ser atractivas y divertidas pero dañinas y hasta destructivas. Nos entremezclamos en situaciones de riesgo y contagios sin calcular que podemos sufrir. Lo bueno es que, en estos casos, la mayoría de las veces, podemos elegir de qué y a través de quién nos vamos a contagiar. Hay personas y situaciones que son portadores de alegría, paz, gratitud, bondad, paciencia, fe. Qué tal si nos acercamos y nos exponemos a ellos y ser:

-Contagiados de alegría y no de tristeza. Hay gente muy alegre a nuestro alrededor.

-Contagiados de gratitud remplazando el virus de la queja. Muchos están pasando por dificultades, pero dando gracias aún por eso males confiando en un bien mayor.

-Contagiados del perdón y no de resentimiento y rencor. Estos son virus letales.

-Contagiados de confianza y esperanza y no del germen de la amargura. Gente que transmiten entusiasmo por un presente y un futuro mejor. De eso hablan. De eso comparten. Tienen fe suficiente para dar a otros. Entremezclémonos con ellos, que nos tosan cerca. Contagiémonos de ellos.

-Contagiados de la serenidad y control para erradicar la ira y el desenfreno que causa tanto daño.

-Contagiados con la sabiduría de Dios. Cuantas enfermedades y dolencias prevenimos con un poco de buen juicio y entendimiento de las verdades absolutas e infalibles de Dios.

Es nuestra elección de qué nos enfermamos o de qué nos sanamos. Todo está en función a qué virus nos exponemos: Job 34:4 “Examinemos…cada caso, decidamos entre nosotros lo que es mejor” (Biblia).

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Ana Elena Santanach

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