Conquístate de una vez por todas

Por: Ana Elena Santanach

Por extraño que parezca, algo que casi nunca nos enseñan, ni nuestros padres, ni maestros, ni mentores o consejeros, es a conquistarnos a nosotros mismos. Se nos guía a conquistar metas, sueños, posiciones, y personas. Pero, nuestro interior, el lugar de donde deben fluir las ideas, estrategias y recursos emocionales y espirituales para lograr dichos triunfos no lo tomamos en cuenta.

Nadie va a una conquista y dominar un territorio sin un plan, sin armas y mucho menos, sin condiciones. Y si hacemos un buen “rastreo” interior, encontraremos “campos de batalla” descuidados, no trabajados y no desarrollados, más bien, los encontraremos ocupados por el “enemigo”. ¿Cuáles podrían ser esas áreas a conquistar?: Proverbio bíblico 16:32 “Mejor es el que domina su espíritu, que el que conquista una ciudad”.

Conquistar deseos, emociones y pasiones

En ocasiones nos asentamos en la carpa de la excusa: “Yo soy así, y nadie me cambia”, o “No podré superar éste dolor o ésta tristeza”. Nadie nos cambia. Es una decisión personal. La victoria está en ponerlas en orden, gestionarlas  proporcionadamente: airarnos por una injusticia, como cuando alguien maltrata un niño o a una mujer, pero no porque ese día llovió o el banco estaba cerrado. Aún rodeados de tanta fascinante tecnología, impresionados de tantas personas con logros de prestigio, poder y dinero y maravillados por tantísimos avances científicos, médicos e informáticos, tenemos que aceptar que todos batallan intensamente con sus deseos y pasiones. Aún en estados muy extremos como ansiedad, fobias o adicciones, la mejora empieza cuando me determino luchar contra ellos y no ser sus aliados. Tomará tiempo y ayudas pero la primera escaramuza en esa conquista es muy muy significativa.  ¡Si no lo sabré yo!

Conquistar temores

Conquistar los temores no es hacerlos desaparecer, es colocarlos tras las rejas, como lo que son, prisioneros de guerra. Es quitarles su poder sobre nosotros, pues nos impiden lanzarnos a la acción: no me enamoro porque temo que me vuelvan a traicionar; no salgo porque temo que me vuelvan a saltar; no emprendo porque temo fracasar y temo al ridículo. Y creamos una zona de no exposición, de cero riesgo, zona de treguas que resultan en zonas de inmovilismo. Pero lo que deseamos es ganar, obtener, vivir, amar. Entremos al cuadro sin temor, pidamos el bate y hagamos ese home run. Coloquemos el miedo en su lugar, ¡Y que se quede ahí!

Conquistar el pasado

No se puede proseguir hacia adelante mirando atrás. Cierto que en el pasado está nuestra historia, pero muchas vivencias ya tenían fecha de vencimiento. El conquistar el pasado tiene que ver, sobre todo, con perdonar, dejar de culpar. Imponernos sobre ese pasado y aprovecharlo para una inspiración diferente en el presente y el futuro. Todo libro viejo es nuevo cuando somos otros. Reconocer y enfocarnos en el mérito de las personas que contribuyeron a lo que somos hoy. Así que, no dejemos que los malos recuerdos y los “si yo hubiera” o los “si yo no hubiera” nos tengan atados y nos tiren hacia atrás. Pasemos al asiento delantero. Y que siempre podamos declarar como el famoso apóstol Pablo, el de la Biblia, “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe”. Decidió conquistarse para convertirse en la persona que debería ser. Hagamos lo mismo.

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Ana Elena Santanach es conferencista.

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